Colegio

Ya hemos cursado la solicitud para que María empiece el colegio el año que viene. Sufrimos un poco. No por ella. Ella ya sabemos que se soltará la coleta al tercer día y tomará posesión de todo como buen velociraptor. Es el colegio el que nos preocupa. Sus compañeros. Los profesores. El director. Ay, el director… ¿Cuántas veces van a llamarnos para decirnos que no se sienta, que no se calla, que salta, que brinca, que se ha comido un trozo de merienda que no era suya, que va besando niños (su última afición), que se sube a la mesa y enseña las bragas diciendo que es un velociraptor? Porque en la guardería vale. En la guardería ok. Solo es guardería. Bebés al fin y al cabo. Cuchicuchis sin importancia. Plastilinas y corros de la patata. Pero el colegio… el colegio ya es otro status. En el colegio entras macarra y macarra te quedas hasta bachillerato. En el colegio así entras, así eres, así sales.

Jon dice que todo irá bien. Que ya irá aprendiendo más disciplina. Que ahora la deje jugar. Jon siempre dice que todo irá bien. Tiene una técnica infalible para salir de todas las encrucijadas: no pensar en ellas.

Funciona siempre. Pruébala.