Verano

Hoy es lunes, llueve a mares, he llegado veinte minutos tarde al trabajo por el atasco y me ha vuelto el dolor. Empezó el sábado por la noche, el domingo me semimachacó y hoy, con drogas duras, lo voy sobrellevando. Tengo cita el miércoles para la Unidad del Dolor. Jon K. estaba ya dispuesto a llevarme de una oreja si también esta vez decidía no acudir. No sé por qué soy reacio. Supongo que por el mismo motivo por el que vengo a trabajar cuando debería estar ahora mismo tumbado en una habitación a oscuras viendo arabescos negros detrás de los párpados. No me gusta sentirme débil. No quiero que mi parte física se coma a mi parte moral. Eso siempre ha sido para mí como el principio del fin. Pero es verdad que si quiero poder hacer vida normal sin odiar al universo y sin cagarme en la madre que parió a Panete, será mejor que empiece a utilizar la ciencia. Que al fin y al cabo… para eso está.

No sé cómo llevaré el día de hoy. Por de pronto visualizo cosas bonitas para no sentirme desgraciadito y furioso. Cosas bonitas como la casa del verano. La piscina, el zumbido de las abejas sobre la parra. El olor del césped cortado. La bodeguita al lado del río. Las croquetas de jamón y el vino embocado. Los globos de agua. Jon K. persiguiéndonos alrededor de la casa. Los grillos desde la ventana por las noches. El puñetero gallo del amanecer. El crujir de la cama de madera.

La curva de su espalda desnuda.

Soy un odiador de veranos que no quiere vivir sin ellos.