Arfhs…

Acabo de salir del despacho de mi jefe. Creí que me volvía a llamar para decirme que me pusiera corbata y me peinara los pelos de surfero watusi, pero en vez de eso me ha comunicado que he ganado la guerra que llevo librando desde hace seis años. Y por aniquilamiento absoluto del enemigo. Entre revisarme el sueldo y revisarme la categoría profesional, han optado por las dos cosas. LAS DOS COSAS. Casi lloro. Te lo juro. Me ha faltado el pelo de un calvo para cargarme de un plumazo toda la compostura de negociante frío y férreo que me he ido trabajando a golpe de pelea en los despachos a lo largo de estos dos últimos años. He tenido que volver a memorizar todas las instrucciones de lenguaje no verbal militar que me dio Jon, una por una, para no tirarme al suelo y empezar a llorar abrazado a mí mismo dándome cabezazos contra la pared en plan Rainman. Así de desprevenido me ha pillado el desenlace. Mi cara al salir del despacho ha debido de ser un poema. Estoy seguro de que el armario perchero de los abrigos ha debido de lucir más expresividad que yo. Hasta el gallego me ha dicho que si me habían dado una mala noticia.

No sé. No sé qué más decirte. Que estoy criogenizado pero feliz. Porque llevo estos pelos de imbécil y estas camisetas y estos vaqueros de 12€ y estas zapatillas estampadas de platillos volantes y sin embargo, aquí estoy. Aquí estoy.

Ya llevo conseguidas tres de las cuatro cosas, papá. Donde quiera que estés… que te jodan. A ti y a tus augurios para conmigo.