Fin de comana

Estoy otra vez haciendo cambios en el blog. Normal. Si no cambio el blog, no sería yo. Esta vez planeo cambios más mastodónticos, que incluyan dominio propio y fuga de blogspot (ay, blogspot… han sido tantos años juntos…) y más dibujos y textos más cortos. He pasado los pocos momentos lúcidos del fin de semana volviéndome loco con plantillas y proyectos. No sé dónde terminarán. Lo mismo en nada. Pero bueno. Yo ya estoy entretenido con una nueva tontería, que al fin y al cabo, en eso se traduce mi vida online. Parte de culpa la tiene Jon K. que fue el último que llegó a mi vida, pero lo hizo en plan huracán y envolviéndome entero. Es él el que me dice todos los días que dibuje, que me lo curre, que merecería darle al blog un dominio propio, que me lo tome tan en serio como cuando empezaba. Es complicado. Sobre todo porque nada es para siempre y nada puede mantenerse en una constante de máximo esfuerzo e ilusión salvo que seamos autómatas o un poco cortos. Pero bueno… sí es cierto que puedo mimarlo un poco más de lo que lo mimo. Y ya que me lo pide el de los ojos de plata… pues se intentará el esfuercito.

Vaya fin de semana que he pasado. No te lo puedes ni imaginar. Es un hecho que no tengo muy bien el cerebelo que digamos. A los vértigos y el dolor de espinazo que ya traía del viernes, se me sumaron las náuseas y el sopor. El sábado comimos fuera y me faltó el pelo de un calvo para vomitar en el coche de vuelta a casa. Luego milagrosamente me recuperé incluso para hacerle un groargh a Jon K. mientras se quitaba la camiseta y darme un revolcón rapidito con él. Luego caí en coma. Pero no en un coma ordinario, ni en un comita. En un comazo de pijama, patucos y despertador. Hasta el punto de cerrar los ojos a las cuatro de la tarde y volver a abrirlos a las nueve de la noche. Y no contento con eso, a las once de la noche ya me estaba durmiendo otra vez para repetir al día siguiente el mismo episodio, punto por punto. Comida fuera, náuseas en el coche, recuperación eventual, echarme cinco minutitos y despertarme a las ocho y media de la tarde con la babilla reseca sobre la almohada. Total… fin de semana poco aprovechado y muy dormido. Voy a respetar las señales inequívocas de mi cerebro y a pensar que realmente necesitaba desconectarse todas las horas que lo hizo. Pero qué puñeta lo de llegar al lunes y darte cuenta de que no has hecho nada o casi nada de lo que habías proyectado hacer durante la semana previa.

Vuelvo a adelgazar. Encima eso.