Un poco más

No hace mucho acabo de enterarme de que este mes tampoco tengo en nómina el aumento de categoría y sueldo que pactaron conmigo hace ya… tres meses. Seis desde que lo solicité. Me lo ha confirmado la chica de personal en plan chivatazo mientras estábamos ambos con las bandejas esperando la cola del autoservicio. “Yo no veo nada, Ariel, no veo ningún cambio de nóminas, prepárate para cabrearte…” Mirando mi plato de estofado en la bandeja, al lado de la barrita de pan y los cubiertos, he tenido uno de estos ataques de calma que preceden a la psicopatía y me ha apetecido mucho el subirlo hasta el despacho de arriba y volcarlo despacito por la calva del ser inmundo, mezquino y estúpido que tengo por jefe. Hay ocasiones en la vida en la que realmente es una pena que el fin no justifique los medios. Sobre todo hoy, que he tenido que comerme el estofado en silencio, mientras los demás reían y hablaban sus cosas a mi alrededor, subir a mi sitio y ponerme a escribir este post, mientras me preparo una taza de agua caliente con algo en infusión que me devuelva un pensamiento constructivo.

Ayer le dieron Harley nueva a Jon. Me dejó sacarla del concesionario y conducirla un buen rato por la M30. Nos recorrimos toda la universitaria y luego subimos hasta El Pardo. Le invité a una cerveza y unas croquetas de castañas en El Torreón. Mientras veíamos caerse la tarde le dije que éramos bastante felices con la vida tal y como la llevábamos hoy por hoy. Él se rió y dijo “Mucho. Y sin embargo, ya sabes… Siempre se puede aún ser un poco más.”