CO-VA-BUN-GA

Hoy es el santo de Jon. Quería invitarle a una cena guais o algo, pero no le vemos el pelo estos días. Trabaja de sol a sol y nunca mejor dicho. Hoy cuando me he levantado ya se había ido y anoche cuando me acosté, todavía no había llegado. Llevamos una última semana que casi hablamos más por whatsapp que en directo. No pasa nada. Ya me advirtió que su última semana de trabajo sería cojonuda. Pues nada. Aquí estamos para apoyarle. Yo el lunes ya estoy de vacaciones y hasta el viernes no nos vamos, así que… me dedicaré a hacer de gallina clueca. Todos los polluelos para mí.

Me he dormido como un ceporro. Si no llega a ser por mi gato-vaca que me ha despertado chupándome una oreja, todavía estaría yo despatarrado sobre el colchón ronf-ronf, con mi burbuja de salivilla. Con el susto, me he venido a trabajar con la camiseta de dormir, y he guardado la de vestir en el cajón de los calcetines. Luego me he encontrado el paquete de leche encima del mueble del baño, así que supongo que ahora mismo mi cepillo de dientes estará en la nevera, haciendo compañía a la mantequilla. Yo que sé. Mira… si soy un puto caos en estado normal, imagíname con 35 minutos de retraso. Milagro es que no haya venido directamente en calzoncillos y chancletas. Menos mal que ya no hay colegios. Al menos así hago el idiota yo solito. Dentro de una horita me llevaré al gallego a comer a la calle. Como hoy me voy de vacaciones, le voy a invitar a un bocadillo de lomo y una cerveza en el bar de enfrente. Ya verás tú. Con lo alegre y dicharachero que es, eso va a ser un festival de luz y color. Pero no me importa. No me importa NADA. HOY ME VOY.

Ayer terminé de montar la p**ta escenografía de los c***nes. Cuando esto pase no quiero volver a ver un tul y un brilli en mi vida. En serio. Para la próxima, todos en chándal y alpargatas.