María y cierra España

Ayer se me encendió sola la televisión mientras dormía. Dos veces. A las 3 y pico y a las 4h de la madrugada. Jon estaba de guardia así que estaba yo solo en el dormitorio. La primera vez tenía el mando sobre la cama y pensé que lo habría pulsado sin querer al girarme o alguna chorrada de esas. La segunda estaba sobre la mesilla y ni pulsado ni puñetas. Simplemente, se encendió sola. Me cagué un poco. Encendí toda la planta de arriba y fui cuarto por cuarto vigilando al resto de durmientes. Nada. Nadie levantado que quisiera gastarme una broma. María roncando con su belfillo colorado y los dos chicos en el limbo del mejor sueño. Salí al jardín. No sé por qué puñetas, porque ya me dirás quién cojones va a subir a mi cuarto, encender mi televisor y luego tirarse por la ventana hasta el jardín, pero bueno… el absurdo de los pánicos inútiles. Encendí las luces y salí. Nada. Perros en sus casetas mirándome con cara de “tío, no son horas.” Volví a subir a los dormitorios. Según apagaba las luces a mi espalda iba desplegando todo mi catálogo mental de películas de terror y Babadukes del mundo mundial. Cuando llegué arriba volví a revisar a los niños (que seguían roncando y pasando de mi culo cobarde) y me metí debajo del edredón a llamar a Jon K. Por supuesto, él reaccionó como siempre. Primero descojonándose y luego dándome amor y explicaciones superlógicas que solo entiende él. “Será una perturbación en las ondas de frecuencia del mando.” Ok. Como si me hubiera dicho que habían sido los pinglantes del estormetilo. “¿Qué ondas? ¿qué mando? ¿qué hago?” “Nada. Dormirte. Deja la televisión un rato encendida, sin sonido.Y cuando notes el sueño, la apagas.” “¿Sí? ¿por qué? ¿así se evita la perturbación?” “No, digo, por si el fantasma quiere ver la teletienda. Igual lo que busca es un Abdominazer.”

Como no podía matarle a través del cable telefónico, me limité a insultarle un poco, colgar e irme a dormir con María. “Para protegerla, por si acaso” dijo mi corazón. “Para que te proteja ella a ti, mariquita”, respondió mi cerebro. Saqué la cama nido y me tumbé echo un cuatro. Ella se revolvió con el ruido y se asomó desde arriba “Hola ¿ya es di día?” “No, duérmete.” “¿Porquestás aquí?” “Porque en mi cuarto hay un fantasma.” Y con esas me dijo “Vale. Muenas noses.” y volvió a quedarse frita en menos de lo que yo tardé en quitarme la expresión de lemur.

Estas mujeres de nueva generación vienen muy bien preparadas para la lucha.

Y aún mejor para dejarte como el imbécil con pelánganos que eres.