Pre-pre-escolar

Esta mañana hemos tenido ensayo general de María-preescolar. Le hemos puesto el baby del colegio, le hemos colgado la bolsita-puñetas (cuyo nombre proviene de su verdadera utilidad) con su nombre, y nos hemos separado unos metros para mirarla en perspectiva. Ha sido horrible. En dos nanosegundos la hemos visualizando con 16 años, pidiéndonos condones colgada del brazo de un tipo tatuado llamado Ríchar. El tiempo vuela, pero en las cabezas de los que te quieren, más que volar desaparece. He mirado a Jon K. y he podido ver derrumbarse su legendaria e inmutable frialdad espartana. Para tocarle un poco los huevecillos (hobby del que nunca me canso) le he dicho “¿Y… qué pasa si se meten con ella?” Me ha mirado con ojos feroces. “Que los mato.”

Lo ha dicho con tanta convicción que ahí se me han quitado las ganas de seguir picando.

Yo quería haber bordado DINOSAURIO MARÍA en la bolsita-puñetas pero Jon K. no me ha dejado porque no era cuestión de empezar tan pronto a acojonar niños de tres años (supongo que con el “los mato” esa parcela ya iba completita), así que me he limitado a coger pinturas de tela y dibujarle el mismo dinosaurio en cada una de sus etiquetas a modo de marca de la casa. Este, para ser más exactos (en una versión más currada con colorines y sangrecita en los colmillos):

A ella le encanta. Tanto que ahora voy a tener que dibujárselo hasta en las bragas. El resto de opiniones de la tribu han sido dispares. Pedro me ha venido a decir que lo de poner un tiranosaurio recién comido era un poco gore y que un hervíboro mono tipo Arlo hubiera sido más apropiado para una niña de tres años.

Para que veas, Maríamonita. Con todo el tiempo que llevas ya con nosotros y tu hermano walpurgis aún no es consciente de cómo te las gastas.