Empanamientos

Culpa mía la ausencia de ayer. Llevaba dos días que tenía que dibujar y me los pasaba haciendo pulso de fotos con Jon en twitter. Él y yo estamos jugando 24 horas al día y se nos termina olvidando que a veces lo hacemos al aire. Bueno… a mí. A él no se le olvida. A él simplemente le importa dos cojones. Pero yo cuando me doy cuenta de que he aparecido por esas redes de dios, me agobio y me empiezan los sudores. Admiro a la gente que puede enseñar hasta las bragas en el facebook con fotos, datos, pelos y señales y sentirse bien. Yo siempre siento como si me estuvieran bloqueando la puerta de emergencia. Esa que siempre tengo semiabierta para poder desaparecer sin mucho ruido.

Ya… Cuando me gradúe dentro de unos años lo primero que voy a tener que hacer es psicoanalizarme a mí mismo. Ya lo sé. Lo tengo en pendientes.

Arrastro un sueño brutal por culpa de la revolución de hormonas y las teleseries. Y sin que una cosa tenga mucho que ver con la otra, porque vale… si estuviera viendo Juego de Tronos puede que sí que me agarrara un subidón calenturiento y tuviera que lanzarme a la yugular vasca, pero es que estoy viendo Downton Abbey. Y cosa más cursi no puede haber, así que el que después termine con ganas de follar es para mí más misterio que los de Iker. Y sin embargo es lo que pasa. Teleserie hasta más allá de la 1:00 de la madrugada y luego retoce hasta las 3:00. De lunes a jueves. Que el lunes aún vine a trabajar con buena cara y brillito de bienfollao en los ojos, pero a estas alturas de viernes… qué quieres que te diga. Un poquito menos de pasión y un poquito más de almohada tampoco es que me viniera mal.

Pedro ha empezado otra vez con los plannings y las organizaciones del viaje a Port Aventura.

Y quedan cinco semanas.

Socorro.