Zumbes norteños

Ya ha vuelto mi compañero gallego. Ayer no vino porque había estado de baja dos semanas por culpa de vértigos otogénicos. Cuando me lo dijeron solté un chorrito de risa porque pensé que iba de coña, pero no. No era coña. Justo al día siguiente de tenerlos yo, los tuvo él y cayó fulminante. Al igual que a mí, el otorrino le hará una recolocación el lunes (porque él va por la bendita Seguridad Social del infierno). Esta mañana, hablando del tema, ha estado descartando la conjunción cósmica como motivo originario y se ha puesto a buscar conclusiones un poco más terrenales, ya que él lo había padecido en el oído izquierdo y yo en el derecho. Su conclusión: el teléfono compartido que tenemos justo en el centro. Ante mi pregunta de “¿y cómo un teléfono puede descolocarte los otolitos justo el mismo día con unas horas de diferencia estando colgado en una mesa?” ha empezado a contarme teorías disparatadas y conspiranoicas sobre emisiones de ondas de alta frecuencia que solo son capaces de detectar los cerebros sensibles y no sé qué locopuñetas más. Yo le he escuchado con toda la cara de interés que he sido capaz para mi ceporrez de primeras horas matinales y cuando ha terminado me ha dicho “Ya sabes que hay sonidos de alta frecuencia que solo son capaces de poder escuchar algunas personas. ¿Tú eres de los que pueden escuchar sonidos que otros no oyen?” Y ahí para meter el chiste, le he contestado “Puede ser, porque la verdad es que yo oigo voces que me ordenan a veces ser violento y matar.” Y ahí he esperado que soltara una risilla de conejo y ya encadenáramos bromitas, jijí-jajá-qué pavo eres-pues anda que tú, etc. Pero no. No ha hecho nada de eso. Solo me ha mirado con los ojos brillantes y una sonrisa de satisfacción y ha seguido trabajando.

Algún día leerás en el periódico que un chico de camisetas absurdas ha muerto en horario laboral de un grapadorazo a manos de su compañero de mesa. Y en las fotos saldrá el gallego entre dos policías con su flequillito de rayita a un lado y sus ojitos de ardilla diciendo “No lo entendéis. Yo le quería. Han sido las voces. Éramos colegas de voces y las voces me lo ordenaron.”

De verdad que empiezo a pensar que entre las opciones de currículum que ponen para adjudicarme compañeros, lo del brote psicótico ya debe ser un must.