Sweet Monday

A las 3:00 ponían en primicia Fox el primer capítulo de la nueva temporada de The Walking Dead. Jon bromeó con la idea de levantarnos a echar un vistacillo rápido y volver a acostarnos para así averiguar a qué “personaje muy querido” reventaba Negan los sesos con su bate. Llevábamos un año de intriga y ya nos picaba el gusanillo. Pero hoy había que madrugar así que no pasó de una propuesta disparatada y pusimos el despertador a las 6:30 como siempre. Pero a las 3:45 nos vomitó un gato a los pies de la cama (son supermajos), así que ya metidos en levantarnos a limpiarlo… nos encendimos el televisor con las orejas alerta como dos conejos para ver los primeros diez minutos y salir de dudas. Y entre que la escena es violenta (por fin) de cojones, y que me costó lo de volver a coger el sueño como diez veces más que a Jon… he salido de casa yo también con un aspecto The Walking Dead que tiraba de espaldas. Celebrándolo además con un atasco de diez pares de cojones y un retraso de más de media hora en llegar al trabajo que mi jefe ha celebrado con una de sus habituales caras de chino con descomposición de estómago.

Por lo demás… bien. Ya me he rapado los pelos absurdos y ahora mi cabeza es una superficie azul oscura extraña e indefinible, así que sigo con el gorro encasquetado hora sí y hora también (lo cual contribuye también a lo de la cara china de mi jefe). Cada vez que me lavo la cabeza, el agua sale azulgrisverdosa y me hace recordar aquel primer sexo con Jon K. cuando me fui a duchar y tenía los huevos azules por unos calzoncillos del Kiabi. Está claro que lo mío con los tintes divertidos es cuestión de sino.

Entre la camiseta de South Park, las converse de calaveras, la mochila de Star Wars y el gorrocondón encasquetado hasta las cejas, te digo la verdad… si me encontrara por la calle con uno como yo, me cambiaba de acera.