El dinosaurio

Llevamos unos días tanteando a los tres niños para ir comprando los regalos de reyes. Sobre todo yo, porque de aquí a nada que me carguen los gastos de la tarjeta de crédito seré pobre, y me viene bien ir adelantando presupuestos. No ha habido mucha complicación. A Simón una batería (sí… está aprendiendo a tocar la batería. Tutores locos: niños locos. Es una regla de tres inquebrantable), Pedro un e_reader… María un dinosaurio…

Un dinosaurio. Sí. Has leído bien. Quiere un dinosaurio.

Durante varios días hemos estado preguntándole. Siguiendo técnicas inductivas de esas que quedan estupendas con otros niños, pero que en María son como ponerte a echar cucharones de aceite en un cubo de agua.
-Un juguete de dinosaurio ¿eh? qué bien…
-NO, UNO DE VERDÁS.
-No María, los de verdad se murieron hace mucho tiempo. Pero uno de juguete ¡qué bonito!
-Son más monitos de verdás.
-Pero ya no van a encontrar dinosaurios vivos… sin embargo, uno de juguete que se muev…
-SÍ PORQUE LOS REYES SON MAGOS Y HASEN DINOSAURIOS DE VERDÁS.
-Pero uno de juguete te lo traen seguro, porque cabe en las alforjas de los camellos.
-¡PIRO UNO DE VERDÁS LO PUEDEN TRAER MONTANDO!
-Pero…¿y si se come a un rey mago?
-No se los comen porque son magos y desaparesen cuando hay cosas de piligro.
-Pero si el dinosaurio es de juguete puedes…
-¡PIRO EL DE VERDÁS LUCHA CON LOS MALOS!

Y así hasta el infinito y más allá. Con nosotros cada vez más insistentes y lógicos y con ella cada vez más surrealista. Le dije a Jon “le compramos un juguete de dinosaurio mecánico y ya sortearemos el temporal sobre la marcha.” Pero no le convenció. Es María. Su kir-kir. Su princesa destroy. La niña ninja de sus ojos. Anoche entró en tromba en la buhardilla mientras yo estudiaba. “¡Lo tengo! ¡Le compramos una tortuga y le decimos que es un bebé de dinosaurio!” Me pareció brillante. Una tortuga de tierra, como aquella que nos encontramos. Mediana, sosa y resistente. Que pueda vivir feliz y (semi)tranquila en nuestro jardín, comiendo moscas sin meterse con nadie. Aún así, le dije a Jon “pero pasarán los años y el dinosaurio no crecerá jamás…” y él contestó “No importa. Para entonces María ya nos habrá cogido cariño y no hará uso de su 4º DAN en taekwondo contra nosotros.”

Esperemos, Jon. Esperemos.