Esta mierda no me representa

Anoche me equivoqué y me cargué la plantilla de este blog, sin haber hecho copia de seguridad. Tuve que poner una vieja que guardaba allende los inviernos, y ponerme a modificar las cuatro tonterías chillonas que cantaban. Estuve un rato insultándome y otro después perdonándome. Había sido una jornada de trabajo-clase bastante dura y estaba cansado. No de cuerpo, de mente, que es lo realmente chungo. Así que me di a mí mismo unas palmaditas y me dije “mejor ya sigues mañana, campeón.” Ahora tengo que ver este híbrido de plantilla rara con títulos azules. Bueno. Qué le vamos a hacer. Soy inútil en 2017.

Jon tiene en febrero una reunión de exalumnos de su instituto, como las de las pelis yankees. Le localizó un antiguo compañero por facebook a través de su hermano y le dijo que iban a dar una especie de copa-homenaje de toda su promoción y que si le apetecía asistir. Se apuntó encantado, claro. Porque él es sociable y majo y no un gnomo malvado y eremita como yo. Así que le metieron en un grupo de whatsapp que se llama “cerdos voladores” (¿?) y le han tenido dos semanas todo ilusionado recordando gente sin nombre. “¡Anda, Palamós! ¡qué majo el Palamós!” “¡Coño, el Menéndez! qué risa era siempre con el Menéndez…” “¡Ahivalahostia, que este va a ser el Yanguas! anda que no he corrido yo con el Yanguas…” y así to the infinity and beyond. ¿Lo mejor de todo este asunto? que le dijeron “si te has casado trae a tu mujer, que todos vamos con nuestras parejas.”

No veo el momento de entrar en ese salón. Y de ver el descolgamiento de belfo colectivo.