Año nuevo, blog nuevo

Tengo un blog nuevo. Me lo han regalado bonito, precioso y blanco, con un dominio propio que me ha hecho muchísima ilusión. Como Mahoma no iba a la montaña, llegó la montaña y fue a Mahoma. Y aunque me lo hicieron en plan encerrona, para que migrara de una puñetera vez a wordpress, es verdad que me ha hecho ilusión y que cuando vi mis nepomundos hechos dominio, me emocioné como un gilipollas. (Qué raro suena lo de “hechos dominio”. Parezco un señor feudal del medioevo). He pasado el domingo ordenando algunas cosas y cambiando otras, porque ahora tengo que ponerlo nepomukiano y etiquetar mis 1.316 entradas para que las viñetas se vayan con las viñetas y los audios con los audios (me está bien empleado por regocijarme en mi caos), pero no he podido terminarlo porque estoy balo de constipado, tengo bocos y biebre, y anoche me vi obligado (o casi obligado) a acostarme con los lunis, a eso de las diez y poco de la noche. Esta semana lo terminaré y, si mi buen samaritano me ayuda, haré magia potagia para que todo el que entre aquí, se vaya para allá. Estoy contento. Mi nuevo blog es blanco y limpio y tiene letra grande, y se maneja fácil (aquí es cuando recuerdo que me daba pánico entrar en wordpress porque no sabía ni por dónde empezar y me autodoy una colleja por todos los que me decían “es fácil-cabezón”). Me lo ha regalado M. porque yo le regalo el dinero de mis viñetas del periódico para su hogar de gatos (que tampoco es que sea un pastizal precisamente, pero en fin… él es bueno conmigo y lo agradece) y Jon ha hecho de intermediario y un poco de abogado del diablo. El sábado estaba tan entusiasmado como yo. Dice que debería hacer una tira semanal de nuestra tribu. No me parece mala idea. Tengo que empezar a sacar tiempo de mi vida para divertirme. No quiero caer otra vez en la espiral que he llevado los útlimos meses de obligaciones, clases y trabajo. Necesitamos nuestros minutos de chorradas. Sin nuestros minutos de chorradas, nos mustiamos como yerbajo sin agua.

Ya he aprendido a utilizar la máquina de coser. ¡Alegría, alegría y Pan de Madagascar! Me costó horas, sangre, cabreos, maldiciones, desesperación y fracasos. PERO LO CONSEGUÍ. Y ME COSÍ EL BAJO DE UNOS PANTALONES Y UN BOTÓN.

Estaré flojo de algunas cosas y me faltarán otras muchas, pero lo que es de moral y perseverancia… voy absurdamente servido.