He borrado personas y me ha venido bien

Estos días estoy aprendiéndome las tripas de los nepomundos nuevos, así que no te extrañes mucho de lo que puedas encontrar por aquí cuando te asomes. Audios, dibujos, audios con dibujos, lemures, dinosaurios, coliflores rehogadas… todo es posible. En la medida que pueda intentaré ir atusando los cojines del neposofá y revisar y limpiar los desastres que vaya montando, pero mientras, perdóname las performances. Hoy he arreglado un poco el dibujo que colgué ayer para probar cómo se subían los comics. No era más que una tontuna de prueba que tracé en 20 minutos, así que lo dejé más descambalao que mi mueble de zapatillas. Cuando lo he revisado esta mañana casi me da un chungo. Pedro flotaba en una viñeta, Jon salía en otra con chepa, yo estaba de tamaño tamagochi… un desastre. Pero, bueno. No pasa nada, solo es un comienzo de otros muchos domingos de dibujos. Mejor no obsesionarme con las perfecciones. Aún tengo medio pie en la tristeza y me conviene darme tregua y mimo.

Guapo, Nepomuk, guapo. Ea, ea, ea… ¿quién es el más absurdo de los absurdos con pelánganos y zapatillas rojas? ¿quién? ¿quiéeeeen?

Estoy viendo Westworld. O digamos más bien que lo estoy intentando, porque llevo casi dos semanas y no hemos pasado del capítulo 2. No porque no me guste, que me encanta, sino porque tiene una cadencia lenta y pacífica en imagénes, música y colores, que me hace quedarme dormido como una piedra, en cuanto me siento en el sofá y le doy al play. Pensé que la solución sería verla con la luz del día, pero lo intentamos el sábado antes de comer y volví a quedarme amorosamente sobado encima del culo de Canuto (si tienes perro, aquí es cuando intuyes el tremendo riesgo que corrí dejando mi nariz cerca de su salida de aires). No sé por qué me pasa eso con una serie que a priori me gusta bastante. Creo que de alguna forma el cerebro me está pidiendo un reset y por eso me sobo por las esquinas, como un abuelo. Quizá por eso me estoy dedicando al blog. Porque no hay mejor reset para mí que volcarme aquí dentro.

Cualquier día entras y me encuentras aquí dormido, con un globo de salivilla.