Admito sugerencias

Anoche, mientras estaba sentado en mi butaca de cine viendo “Múltiple”, llegué por fin al fondo de mi bache emocional. Sentí por dentro que ya había llegado abajo. Que no había más suelo. Así que apoyé los dos pies y me impulsé hacia arriba. Ahora ya estoy subiendo. Me lo noto porque pienso en cosas bonitas y me apetece construir, inventar y levantar. Y me siento capaz y veloz, dentro de mi cabezota de pelos imposibles. Yo puedo. Lo noto. Se esconde el mierda y asoma el superhéroe. ¿Ves? ya te dije que era cuestión solo de esperar el cambio de la marea. Como siempre.

El día 14 es el cumpleaños de Simón. Le preguntamos qué quería. Siempre que llega un cumpleaños, preguntamos lo mismo. “¿Qué quieres?” Da igual que el homenajeado sea Simón, que María, que Jon, que yo. El del cumpleaños manda y su deseo marca la pauta. Puede pedir cualquier cosa, porque hasta la chorrada más chorra se respetará, se valorará y se intentará. Y no vale reírse, ni dar tu opinión. Porque el del cumpleaños manda y punto. “Quiero una fiesta con dinosaurios” “¡Fantástico!” “Quiero ver el mar” “¡genial idea!” “Me gustaría una tarta de chocolate y fresas” “¡La tendrás!” “Lo único que quiero son patatas fritas y ver una peli” “¡Perfecto!” En los pocos años que llevamos juntos como tribu, hemos ido de los deseos más básicos a los más complicados, siempre con el mismo tiento. Esta vez el deseo de Simón ha sido ir a un concierto de rock (la batería le está poseyendo. Entre eso y el vegetarianismo pro animalista, terminará siendo una persona guais y nos dará sopas con honda a los pobres mortales comedores de fabada que tocan dos acordes de guitarra y encima mal). Está dentro de los deseos chungos pero no imposibles. En realidad, imposible is nothing (lo dicen esos que venden chándals), así que…como no podíamos llevar al niño en la sala de conciertos, hemos decidido llevar el concierto al niño. Montaña, Mahoma… todo ese rollo.

Trece días para montar una fiesta de rock. A Jon se le ocurre montar un miniescenario donde todos puedan actúar y cantar. A mí un karaoke (un escenario sin karaoke, no es escenario ni nada ¿no?), rigurosa etiqueta rockera, tatuajes de quita y pon, barra libre de cresta-maquillaje rockero, guitarras eléctricas yyyyyyy… y… y… y admito sugerencias.