Que la fuerza me acompañe

He pasado las últimas horas en la biblioteca buscando vuelos a Menorca. Quiero ir a Eurodisney. Necesito ir a Eurodisney, porque ahora está Star Wars. Ya sé que como sueño queda fatal. Muy poco maduro. A estas alturas de mi vida, los chicos normales y decentes quieren ir a Nueva York, a Roma o a Berlín, y no a un parque de atracciones. Pero es que no puedo evitarlo. De verdad que quisiera, pero no puedo. Quiero volver y quiero ver a Darth Vader. Y como tenemos niños en la tribu me agarro a ellos como una garrapata. “¡HAY QUE LLEVAR A LOS NIÑOS A EURODISNEY!”, “Bueno, podemos preguntarles si quier…” “NO. HAY QUE LLEVARLOS. QUIEREN SEGURO, SE LO VEO EN LA CARA.” Y lo cierto es que, independendientemente de que me invento su necesidad para mi uso y beneficio como un cabrón, lo pasarían muy bien allí y sería un viaje que merecería la pena, si no fuera porque Pedro no puede pasarse más de 20 minutos en un espacio cerrado, estrecho, inmovilizado y lleno de gente, sin que le agarre uno de sus chungos y se ponga a morder la cabeza del de delante. Bueno, no… Estoy exagerando y no creo que mordiera a nadie. Pero sí es más que posible que entrara en una de sus crisis de “vamos a darnos de hostias contra la ventanilla”, para disfrute y regocijo del resto de los pasajeros colindantes.

Así que se nos ocurre que debemos ensayar. Un viaje más corto. Que terminara en un sitio tranquilo, bonito y apacible. A mí se me ocurre Menorca. Una hora y pico de vuelo. Un coche de alquiler, una casa y una semana allí. En plan ensayo general. Jon dice “Nos la montará igual en una hora que en dos.” Yo señalo el vodka “¿y una petaquita de esto?” y él se ríe. “Muy sutil.”

Este sábado es la reunión de excompañeros de Jon. No me apetece nada. Un NADA grande, grande y blanco, con mayúsculas. Pero iré. Y me dejaré señalar, y seré chiste, sorpresa y comentario. Por amor. Que al fin y al cabo es el único motivo de pago que merece la pena en este mundo.