Cardiff

He salido del trabajo después de un día intenso, pensando que hoy no tenía fuerzas ni ganas de ir a la facultad, y cuando estaba a medio camino de casa, me he acordado de que tenía que dar clase a los de danza. Ha sido maravilloso tener que bajarme del autobús y coger el metro, para desandar lo andado. Tan maravilloso como darme cuenta de que a las nueve aún no estaría en pijama tirado en el sofá y comiendo galletas a dos manos. Ahora mismo estoy medioescondido en una sala de nosequé, mientras ellos hacen un pequeño descanso de las castañuelas.

Bueno, vale… mientras lo hago yo.

Mañana nos vamos a Cardiff a vivir el regalo de cumpleaños de Jon (léase viaje + entradas de partido rugby de alguien contra alguien) y no he tenido tiempo ni de mirar exactamente dónde está. Ni de eso, ni de averiguar exactamente qué voy a ver y cómo debo hacerlo. Ayer le esperé despierto hasta las doce que llegó a casa, y cuando se duchó y se puso el pijama, le ví bajar la bolsa de viaje del maletero diciendo “estoy muy contento de que vengas conmigo.” Puse mi mejor cara de entusiasmo para decirle que yo también, pero lo cierto es que tuve que pararme dos segundos a pensar dónde demonios iba y por qué necesitaba bolsa. Ese es mi nivel mental esta semana. Más o menos como el de un boniato asado.

Me siento mal por compartir tan mal y tan chungo el sueño de Jon. Ahora mismo me voy a poner a empollar rugby. Ea. Mañana vuelvo.