El sábado seguiré pintando el blog

Me han metido en una reunión sorpresa con la alta jefatura para presentar un trabajo que estoy haciendo, y he tenido que pasar el trago vestido con unos vaqueros verdes y una camiseta de Espinete. Cuando me ha visto mi jefe aparecer por la puerta de la Sala de Reuniones casi le da un chungo. Creo que hoy ha perdido definitivamente los pocos restos de pelos que le quedaban en la cabeza. Yo he hecho de mi capa un sayo (frase de frailes) y he salido del trance lo más profesionalmente que he podido. O lo más profesionalmente que he podido, llevando un puercoespín gigante rosa chicle estampado entre las tetillas y el ombligo. Cuando hemos terminado, mi jefe ni me hablaba, ni me miraba. Siempre hace lo mismo cuando monto una de las mías. Se dedica a ignorar mi presencia, como si el hecho de no hacerme casito consiguiera en plan abracadabra que yo no hubiera nacido, existido, ni sido contratado en esa empresa. No es algo que me moleste mucho, la verdad. Prefiero cuando me deja en paz. Llevo unos días muy agotadores de trabajo y cuantos menos jefes tenga en la balanza del stress… mejor.

Con la tontería, he salido a las seis y media y no he podido ir a clase. Directamente me he ido con mis chicos de las castañuelas imposibles. He empezado a ver caras de desesperación, así que hoy les he dado hora libre de clápita-clópita y solo hemos ensayado la goyesca. No lo hacen mal. Son buenos chicos. Un poco pavos, pero si no eres pavo con 10-11 años terminas siéndolo con 35 y eso es mucho, MUCHO peor. Hay dos chicos de teatro que quieren unirse a mi clase. Creo que al profesor de la cabeza-cucharilla no le ha hecho ni puñetera gracia. Lo he notado en la arruguilla de asquito de su tabique nasal, cuando me estaban dando la noticia. En circunstancias normales sería diplomático y le diría que se los quedara, porque estamos a mitad de curso, pero necesito chicos varones, así que me he lanzado en plancha y les he dado las hojitas de inscripción con el entusiasmo y la alegría de una abuelita repartiendo panfletos cristianos. Me gusta que mi clase tenga éxito. Sobre todo porque soy un matao con pelánganos y nunca me espero tener éxito con nada. Cuanto menos en este trabajo que ni siquiera lo quería. Pero ha ido bien. Hay feeling entre ellos y yo, y me creen cuando les digo que pueden hacerlo. Supongo que proyecto mi propia necesidad, porque eso es lo que siempre busco yo en un profesor; creerle cuando me dice que puedo hacerlo. El año que viene quiero montar un grupo mixto de teatro&danza. Creo que será una buena forma de congraciarme con el profesor-cucharilla. Y de conseguir más chicos, para no tener que travestir a las niñas en las funciones. Me da un poco por saco que los chicos sigan teniendo prejuicios. No me gustan los pasos de cangrejo. No en este siglo.

Acabo de volver a casa y de quitarme (por fin) la camiseta de Espinete, desde esta mañana a las 6:30h. que me la puse. 16 horas. No está mal. Jon está preparando mi cena, Pedro ordenando por tercera vez su recontraordenada mesa de estudio, Simón terminando los deberes y María invadiendo China.

Sí. Otra vez. Es un huno de ideas fijas.