El blog interesante

He estado hablando un rato con un exbloguero. Su blog cría telarañas desde años ha. Me ha dicho que él abandonó el blog porque «dejó de tener cosas interesantes que contar y de pronto, todos los días eran igual de sosos.» Me ha desasosegado mucho esa explicación. ¿Un blog es para tener cosas interesantes que contar? y si es así… ¿entonces qué hago yo aquí desde hace ocho años? «He bajado a la calle, me he comprado una pizza…» «Vale tío, y a mí qué demonios me importa.» A lo mejor la blogosfera se murió por eso. Igual solo quedamos los pesados dando vueltas sobre nosotros mismos, contando cosas que nadie lee. Bueno, ese pensamiento me ha desasosegado un rato ¿eh? No uno largo. Uno cortito. Lo justo hasta acordarme de que escribo para mí mismo. Seguramente, ese sea el secreto para no cansarme, ni cerrar el pico. Hola Ariel ¿qué tal día has tenido? ah, bien, bien. Hoy más tranquilo, aunque el gallego está enfadado conmigo. ¿Y eso? Bueno, pues porque cree que le he traicionado, aunque en realidad no lo he hecho, pero tampoco lo sabrá nunca, porque no me apetece explicárselo. Pero debe ser incómodo para ti estar en esa situación… Bueno, la verdad es que no. No me importa mucho. Mantengo una frialdad cordial y estoy bastante tranquilo.

Es verdad que suelo permanecer tranquilo cuando la gente se enfada conmigo. Creo que es porque tengo la configuración de fábrica muy preparada para estar solo. Eso es bastante maravilloso. Resulta imposible cagar luz y contentar a todo el mundo, así que hay que estar muy preparado para campear las decepciones ajenas. Y para dejar que se deslicen por tu ánimo como si fueras una pista de esquí.

Hoy he tenido clase con mis chicos y los he visto cansados, hartos y un poco tensos de tanto examen, así que me he pasado el ensayo por los huevos y hemos hecho una hora de biodanza. La biodanza es una chorrada que viene a consistir en poner música y moverte como te dé la puta gana, igual que si fueras un bebé y la escucharas por primera vez. Nos hemos reído hasta las lágrimas y ha sido bastante liberador. Les he dicho que no tendrán que tocar las castañuelas porque lo estaremos haciendo unos cuantos detrás de las cortinas del escenario en plan playback (decisión inteligente de mi fin de semana) y han tenido su minuto de felicidad. Nos hemos dado un abrazo de rugby y uno de los (pocos) niños, ha dicho «nos va a salir muy bien porque somos los mejores.» Yo he añadido «y porque nos importa dos cojones que salga mal.» El cojones ha resonado por el eco de la sala junto con sus gritos y sus jajajás. Qué borrico soy. Se me olvida a todas horas que son minipersonas y suelto tacos como si no hubiera un mañana. Es porque no tengo madera de profesor. A Jon esas cosas no se le escapan. Luego vendrán los padres a meterme collejas y me las comeré como un campeón.

Mañana tengo que pintar a María de azul-troll. Verás como eso sí que resulta algo suficientemente interesante de contar.