Pelos

Yo tenía que haber aprovechado este último día de minivacaciones (y de post-encebollamiento) para hacer cosas útiles como hacer la compra, repasar los baños, cortarme el pelo, programar las comidas de mañana, pasear a los perros… Al final, ya estoy en las ocho de la tarde, y solo me he cortado el pelo. Alegría, alegría y pan de Madagascar. Lo de cortarme el pelo es para mí más periplo que lo de Julio César con las Galias. Cerraron la peluquería maravillosa donde estaba mi peluquero maravilloso que me cortaba el pelo bueno, bonito y barato (quizá demasiado barato, puesto que les duró poco el negocio) y ahora otra vez tengo que ir como un penitente buscando peluquerías donde no me den charleta, no me vendan champú ni pirifluses hidratantes para mi pelo de estropajo ohquéseco-pordios-comopuedesllevarloasí, y no me hagan un estropicio de abuelo. Es sumamente fácil hacerme un estropicio de abuelo. Mi pelo se presta perfectamente a ello, porque es abundante, caracoloso y tirando a la anarquía. Uno me ve y lo primero que desea es llenarme de líquidos y peines y reconducirme toda esta impertinencia. En serio. No he conocido ni un solo peluquero que no lo haya deseado. Así que siempre salgo que parezco un híbrido extraño entre Pelayo Díaz y una col de bruselas.

Al final hice un pito-pito-colorito con las peluquerías de moncloa y me metí en la más vacía que encontré. Básicamente porque tenían unos sillones superguais para lavarte el pelo de esos que te ponen las patitas para arriba (y anda que con esos baremos para juzgar peluquerías voy a triunfar yo…). El peluquero habló, habló, habló, habló y habló. Luego me intentó vender champuses y pirifluses, y después me peinó como una col de bruselas. O sea, éxito absoluto y pocas sorpresas. Llevo todo el día que cada vez que paso por un espejo me descojono de mí mismo. Jon llegará sobre las once de la noche porque viene desde Bilbao, así que tengo aproximadamente dos horas y pico para meterme debajo de la ducha y volver a sembrar la anarquía capilar sobre mis orejas.

Afortunadamente, una anarquía capilar un poco más corta.