Centrarse en no centrarse

Creía que Jon me echaría alguna bronca cuando viniera porque me había llamado «Ariel» por el whatsapp, pero luego ha resultado que no. Que el Ariel se lo había puesto solo el teclado predictivo. A mí ya me ha extrañado que Jon escriba con el teclado predictivo. No le pega nada. Dice que no lo hace. Que ha saltado «sin querer». Que le salten cosas sin querer sí que le pega todo.

Cuando ha llegado, yo estaba fregando 1 kg. de sal del pavimento después de la última trastada de María (con destroce de piscina hinchable de 500 litros incluida) y me ha dicho «hostia puta, pobre Ari…» y ahí he pensado «ah, bueno, soy Ari. Falsa alarma.» Había varios motivos por los que podía echarme una bronca porque anoche me quedé solo viendo la tele y me comí 300 bolsas de puñetas que no debería comer. Últimamente me siento mal del estómago. Pero estoy haciendo lo de la bomba H. Matar lo malo con aniquilación. A este paso me levantaré y tendré un agujero desde el ombligo hasta los riñones para meter la manita y hurgarme en el bolsillo trasero. Simplemente, no puedo seguir así. No debo. A ver si me acuerdo de que soy lo único que tengo para seguir vivo.

He hecho un pescado al horno que me ha quedado asqueroso y unos mejillones que me han salido aceptables. Hoy era día de comer sano. Pero también me he pimplado media botella de txacolí y mi estómago se ha levantado de la siesta-coma diciéndome que ya. Que por favor ya. Así que voy a darle descanso sin cena hasta mañana.

También debo dar descanso a mi cabeza. Lo que deba pasar, pasará. No hago nada planteándome 3.000 pensamientos al día. Me espeso, me estreso y me canso. Mal estómago, mal cabeza… Menos mal que la semana que viene hará lluvia y frío. A ver si salto sobre tanta preocupación y me centro en no centrarme.

Acaba de venir Jon y me ha dado un beso en el cuello. «Necesitas salir a correr un poco conmigo por ahí fuera, que tus músculos se agoten y que circule el aire a tu alrededor.» Igual es toda una verdad.

Una semana para Maldivas.