Maldivas


Ya está todo. Ha sido un mal día para conseguir que ya estuviera todo, porque había cambio horario y me he despertado a las doce (que eran las once), pero aún así… ya está todo. Pasaportes, mochilas, neoprenos, dólares americanos, cámara de fotos, cargadores de móviles, machetes para la selva, lanzamisiles para tiburones…

Ya está todo.

Se me hace raro pensar que mañana me pasaré todo el puto día viajando. No llegaremos a destino hasta el martes. Así de lejos voy. Y más o menos ese es el único dato que tengo, porque como es mi SUPER-REGALO DE CUMPLEAÑOS Jon K. no me ha dejado mirar, investigar, prever, ni planificar nada de nada. Sé que voy al Atolón Ari, que haré escala en Dubai y que llegaré a mi hotel, choza, resort o castillo a bordo de un hidroavión. Solo eso ya me pone nerviosito y me despierta los gusanillos del bajovientre, pero aún no sé distinguir si por emoción o por acojonamiento severo. A pesar de la aventura paracaidista, sigo sintiéndome bastante más seguro en el suelo que en las alturas. Pero entiendo que era eso o una barca con dos remos, así que… nada. Hidrovolemos. Qué le vamos a hacer.

¿Voy a tener ciberconexión con el mundo? rotundamente sí. Ante la pregunta, Jon K. ha sido tajante: POR SUPUESTO. SEGURO. Ok. Entonces iré contando cosas. Cosas bonitas como que he visto una mantarraya, cosas emocionantes como que he perdido un dedito por ataque de tiburón y cosas imbéciles como que he comido pizza de champiñón maldivés. Maldiviano. Maldiviense. Maldialgo.

Me llevo una libreta para ir escribiendo cosas sueltas que vayan pasando y luego recopilarlas blogueramente al final de cada día a modo de “post-puzzle” como hice en nuestro viaje a Patagonia.

BUENO, EMPIEZO A ESTAR NERVIOSO.

Nos vemos en Dubai.