Rodeo

Voy a hacer lo que no debería. Voy a escribir y publicar, antes de terminar de colorear la viñeta del lunes. Me hace gracia lo de «publicar». Parezco un bloguero de pro, de esos que se anuncian en plan molón. «¡Chicos, he actualizado el blog!» o «¡Nuevo post en mi blog, no os lo perdáis!» Yo no puedo hacer esas cosas. No me pegan nada. Vivo absolutamente convencido de que todo lo que aquí suelto no le interesa a nadie. Pero no es un pensamiento amargo, ni nada. Al contrario. Me va bien para mantenerme real. Y para seguir.

Me duele mucho la rodilla y estoy enfadado con el gatovaca. Lo de la rodilla tengo que solucionarlo cuanto antes, porque va a más. He cambiado la cita del día 8 y he pedido otra para mañana con un médico que no conozco. Hubiera preferido mi traumatólogo, pero no me veo dos semanas más caminando como Long John Silver. Mañana tengo clase con los de danza y me temo que la voy a tener que dar desde una silla. A Jon le ha hecho gracia la imagen. «Cómprate un bastón con empuñadura redonda y da golpes en el suelo al compás, en plan profesor decadente.» Bueno, un poco decadente sí que soy, pero no en ese sentido, sino en otro un poco más chungo. Estuve viendo fotos que habían hecho en el centro durante los últimos ensayos para adornar la galería, y en la mayoría aparezco con una camiseta de la rana Gustavo, comiendo gusanitos (yo, no la rana). No quedo nada serio como profesor. Más bien parezco el chico del ahorramás que hubiera pasado a entregar el pedido de los viernes. El profe de teatro y la de música salen todos guais y profesionales y como tomándose la clase muy en serio. Le pedí al fotógrafo que me enviara las imágenes para quitarme la bolsa de gusanitos con photoshop y se descojonó bastante. Creo que debió pensar que lo estaba diciendo en broma.

Y lo del mosqueo con el gatovaca… pues que no ha querido tomarse el antibiótico y me ha hecho perder dos dosis como un gilipollas. Una mezclada en líquido y otra metida en sólido. Y las dos a la basura. Precisamente hoy me había jodido la rodilla por correr al veterinario antes de que cerraran, a llevar una muestra de su orina para que le hicieran un cultivo de bacterias, así que hoy no tenemos el gatovaca y yo un feeling muy bidireccional que digamos. Yo me estoy dejando los huevos por curarle y él se los está dejando (si tuviera) por pasar de mí. Así que aquí el único que avanza es el veterinario, que sigue pagando su jubilación solo con lo que yo le ingreso entre gatos, perros, vascos y ornitorrincos.

Vale, venga, me voy a dibujar y mañana vuelvo. Y te cuento que me ha dicho el médico que no conozco. Se apellida Morte. No me parece muy buena señal, la verdad.

Jon está un poco mejor y ya le pica la cicatriz. Estoy contento por eso. Creo que podrá volver a tener funcionalidad en su pierna, antes de que yo la pierda del todo en la mía. Para que veas qué coordinación nos gastamos en la tribu.