Y los problemas tendidos al sol

Mi rodilla: bien, gracias. Me ha gustado el médico nuevo. Casi más que el que tenía antes, así que voy a cometer una infidelidad médica total y pasarme a este. Para que veas que nunca se puede decir de este agua no beberé, ni este cura no es mi padre. Y refranes aparte… tengo el cartílago jodido (pero no de gravedad), sobrecarga en el tendón (pero no de gravedad) e inflamación del músculo (pero no de gravedad). Así que radiografía de las dos rodillas y bolsita de guisantes congelados antes de dormir durante 15 días. Y si no, filtraciones al canto. Se lo he contado al gallego por whatsapp y me ha dicho “eso duele MUCHO” con el emoticón de la pena. Él es así. Buen chico, pero incapaz de saber cuando alguien necesita no saber la verdad. En fin… de dolores rodilliles ya cubrí el cupo con el osteosarcoma. Estoy preparado. Más o menos.

También me ha dicho que camine lo justo. Esa frase no puede ser más relativa. Otra vez me he hecho el kilometraje corriendo hasta el veterinario de mi exbarrio para llorarle mi desesperación. Desde anoche que no había sido yo capaz de darle el antibiótico al gato. Lo escupía, lo vomitaba, lo rechazaba… perdí tres dosis que se fueron a la basura y él dos tomas que no pude darle. Eso sumado a que esta mañana Tequila volvió a atacarle y él meó sangre en aspersión. He pasado toda la mañana rumiando mi angustia. Por todo. Por Peyote, que lo de mear sangre tiene que dolerle de cojones; por Tequila, que se ha vuelto una loca del coño, y por Hocus, que sin comerlo ni beberlo, se está zampando todo el mogollón en plan comparsita. El veterinario me ha hecho un ea-ea, me ha dado dos inyecciones de antibiótico para pinchar al gato y dejarme de pastillas y me ha dado cita para castrar a Tequila. Ahora a esperar que no se me quede en la mesa de operaciones. Pero no me queda otra. Me he quedado sin la opción de “la dejamos sin castrar y que pase los celos.” Sufre, se vuelve agresiva con los olores y temo que más tarde o más temprano se zumbe del todo. Y mientras llega el desenlace, los dos gatos separados en diferentes habitaciones y cerrados, porque me ha dicho el veterinario que el stress puede hacer que la infección se prolongue ad infinitum. Que incluso conoce casos de cistitis por stress. Así que nada. Que aquí no puede estresarse nadie más que yo, y que ahora, cuando saco a una, cierro al otro y cuando cierro al otro, saco a la una. Y mientras, Hocus del uno a la otra, pasando por los dos. Eso sumado a los perros rondando, y a que Peyote tiene que comer un pienso que los demás no pueden, y viceversa, hace que mi casa sea estos días talmente como un sketch de los Hermanos Marx.

Siento que tengo un montón de frentes abiertos y que no logro cerrar ninguno del todo. Una mala racha. ¿Te he dicho alguna vez que odio la primavera?