Esperar

Se me ha muerto Tequila. No ha podido superar la operación. El veterinario me ha llamado a mediodía para decirme que había tenido un edema pulmonar y luego me ha dicho algo de necropsias y bombeos, a lo que ya no he prestado ninguna atención. Parecía afectado. Cuando se me pase el estar gilipollas, se lo agradeceré personalmente. En los veterinarios, la compasión es bonita. A veces saltamos la vida con un triple mortal sin red, y otras veces nos damos de morros desde el mismo suelo. Hoy me toca lo segundo. Teníamos un 50% de posibilidades de que pasara, así que debería haberme pillado mentalmente preparado.

Debería.

Estoy demasiado cansado para pensar. Han sido días muy jodidos con un cierre más jodido aún. Hoy le han dado a María el cinturón blanco-amarillo de taekwondo. Durante la ceremonia, yo lloraba como una viuda de guerra. Llevo todo el día así. No es ninguna novedad, ya he pasado por esto. Pero esta vez la gata no estaba enferma, y esa es la idea que se pasea por mi cabeza. La que no me dejará dormir esta noche. Así que yo lloraba y me sonaba los mocos, mientras el del gimnasio repartía cinturones de colores, con golpes de cabeza. Los cercanos a mi silla me miraban como diciendo “pues si se pone así por un cinturón amarillo, cómo será cuando le den a la niña el verde…” Se lo he dicho a Jon y se ha reído. Me ha dicho “has hecho un chiste, eso es bueno.”

No tengo mucha sensación de que nada sea bueno.

Los corazones se recomponen. Tengo que esperar unos días. Solo esperar.