Tampoco

Pues no, hoy tampoco estamos bien. Creía (y quería) que sí, pero no. Buena prueba de ello es que me he puesto a actualizar avatares y perfiles como un loco para borrar a Tequila de ellos. De pronto, esa gilipollez me ha parecido urgentísima. Siempre que pierdo a alguien que quiero, lo primero que hago es borrarle de mis mapas. Alguien me dijo una vez que era un gesto algo cruel. Supongo que es lo primero que parece, pero en realidad no es más que instinto de supervivencia. Si no veo, no siento. Si no siento, no pienso. Si no pienso, puedo seguir adelante. Lo aprendí hace muchos años por la fuerza bruta. Que lo importante de toda tristeza era seguir adelante.

Ayer me di cuenta de que el post que escribí el día 3 no se publicó en el blog. No sé por qué demonios, ni qué coño hice con él. Estaba seguro de haberlo escrito y publicado, pero no lo encuentro por ningún sitio, ni dentro, ni fuera de mis chismes. No es que se haya perdido gran cosa, porque lo escribí en pleno momento de crisis histérico-compulsiva, pero me intriga el asunto. Igual tengo en el ordenador alguna casilla activada de «eliminar penosidades», o algo así.

Peyote está mucho más recuperado y tranquilo. Ha vuelto a dormir en mi cama y a jugar con Hocus Pocus. Ninguno de los dos parece sentir ningún tipo de ausencia. Me extraña mucho esa reacción. Cuando sacrificamos a Tripi, los otros dos se pasaron casi una semana maullando desconcertados y buscándolo debajo de los muebles. Sea como fuere, esta tranquilidad pasmosa de mi ecosistema gatuno me ayuda. Tiene mucho de destino irreversible. Mucho de «es lo que tenía que pasar, y ahora todo puede seguir adelante.»

Tres kilos menos en una semana. Este verano me voy a ir por los desagües de las piscinas.