Mayo

Ha llegado mayo y el calor. Odio especialmente el mes de mayo. Mis meses de mayo son crueles y vienen siempre a robarme cosas. En mayo dejé mi isla, mi casa, mi abuela Agra. En mayo perdí una esquirla de cráneo contra una bombona de camping gas. En mayo murió Teo, mi amigo, mi hermano, mi única familia de cuando no había nada más. Para finales de mayo perdí a mi gato Tripi, para principios, he perdido a Tequila. Puto mayo. Maldito mayo. Mayo de los cojones. Todos saliendo a la calle con su manga corta y su sonrisa de preverano y yo lamiéndome las heridas. No falla.

Ya ves que sigo un poco inestable. Era de esperar. No es que haya dormido mucho últimamente.

Tengo la nevera llena de tupperwares de comida. Tengo potaje, ensalada de patata, albóndigas con tomate, croquetas, tengo ensaladilla, pastel de atún, judías verdes, tengo estofado con zanahorias, tengo ensalada de arroz con atún… Tengo comida para llevarme toooooooooda la semana. Jon se dedica a mimarme las penas con comida. Ayer hicimos el cambio de armarios y bajé mis 842 camisetas de manga corta y mis dos vaqueros de verano (la proporción se me queda un poco extraña, pero es lo que hay). Los pantalones me entraban y salían solitos, sin necesidad de desabrocharme los botones, y de la mayoría de las camisetas me sobraban faldones. Un desastre. He pedido hora para la doctora borde y me han dado para el día 24. Voy a intentarlo por decimoctava vez. Hace años, en una de mis fases locas de epifanía, logré engordar 16 kilos. Recuerdo que me miraba de perfil en los escaparates mientras esperaba el autobús de Moncloa, y no me daba pena de mí. Y como, al fin y al cabo, aquel que fue capaz de hacerlo también era yo pues… me voy a dar una segunda oportunidad. Y si no lo logro me daré una tercera o una cuarta. O una mil. Que para eso me llevo bien conmigo y me soporto.

Jon ha traído 20.000 folletos de vacaciones. Tenemos que cerrar algún plan este fin de semana porque se nos viene junio y no tenemos ni destino concreto. Inconcreto sí. Inconcretamente, queremos recorrernos el norte por Asturias y Cantabria. Covadonga, Fuentedé, los lagos, el descenso del Sella, Potes, Cabárcenos, Altamira, las cuevas del Soplao, Noja, Santoña… A priori de hotel. Y terminar los últimos días en la casa de Zarautz, con los perros. Ya los tres niños nadan como sardinas y nos podemos atrever con el cantábrico. Y salir del calor mesetario va a ser como… como…

…como matar Mayo.