A+B

Me he tirado tres días para dibujar la viñeta del lunes y luego la he tirado porque he dibujado otra en 30 minutos que me ha gustado más. Sí. Yo hago esas cosas. Creo que sigo guardando la maldición de hermano mellizo por dentro y que mi yo está formado por dos Arieles distintos. Uno es creativo y hábil y otro es un zote. Uno se ríe a boca abierta y otro se asusta con un pedo. Uno se lanza desde los puentes y otro se esconde donde lo oscuro. Es un poco rollo. Sobre todo cuando gana el Ariel B, y me convierto en un zote que se asusta con un pedo y se esconde donde lo oscuro.

Tenía que haber ido a clase, pero nos ha pillado una tormenta tremenda de rayos, truenos, lluvias, viento y centellas cuando salíamos de recoger a María de taekwondo. Prácticamente me ha llovido el mundo. Yo llevaba la mochila de clase, una camiseta por dentro de los vaqueros y una chaqueta militar, y aún así, se me han mojado los calzoncillos. Todavía no sé cómo. La lluvia de primavera es teledirigida y dobla las esquinas. Si no, no lo entiendo. También se han empapado Simón y Pedro. María no, porque llevaba un miniparaguas de Peppa Pig donde solo cabía ella (lo sé porque todos hemos intentado tomarlo al asalto sin ningún éxito). Cuando ya he parado el coche en casa para dejarlos, me he mirado reflejado en el retrovisor y me he dado lastimilla. Tiritaba y me goteaba el flequillo sobre la punta de la nariz. Llevaba la camiseta pegada literalmente a las tetillas y las hojas de mis apuntes hechas una sopa, así que he pensado “a la mierda” y he cambiado la clase de hoy por un nesquick y una toalla. Mi Ariel B se siente ahora culpable por perder una clase en días de examen y mi Ariel A está mirando de reojo el icono de Steam en el ordenador. Ando intrigado por quién terminará ganando la batalla, pero espero que sea el B. En serio. Lo espero.

Hoy he pasado por la puerta del veterinario y se me han escapado un par de lágrimas. A veces la lluvia no viene nada mal para el camuflaje.