To be continued

Qué horas más chungas para postear ¿verdad?

Otro ensayo hoy. Y otro mañana. No soy muy partidario de esas cosas, soy de los que 24h. antes del examen tiran los libros (salvo emergencias) y sé que un cerebro cansado es un cuerpo que no da ni una, pero están nerviosos, y así al menos estoy con ellos pasando de todo y transmitiendo que nada importa tanto (creo que voy a hacer camisetas con esa frase). Mi segundo también está nervioso. Los padres expectantes nos ponen nerviosos. Se asoman por la puerta cuando dejan a los niños y nos dedican sonrisas semihistéricas «¡qué ganas de ver a los chicos!» «¿ya lo tenéis todo preparado?» «¿en qué lugar sale mi niña?» «¿se la verá bien para grabarla luego en el vídeo?»

Yo no me altero. No tengo sangre de profesor. Siento que estoy aquí porque tiene que haber de todo. Lo cual me recuerda que igual debería ensayar un poco con las castañuelas. Y sobre todo, encontrarlas.

Peyote sigue meándose hasta en infinito y más allá. Siempre en la puerta de la calle y en la verja. A veces de color rosado-sangrante, y a veces de color pis corriente. No parece dolerle, ni parece que le cueste lo más mínimo. No sé qué más hacer. Eliminar el foco del stress, me dijo el veterinario. Pues como no vaya a la casa de al lado y mate a las dos gatas a base de chistes, ya me dirás tú a mí qué coño puedo hacer. Él parece feliz. Come y duerme como un buda. De hecho, hasta mea como un Buda. Así que solo sé que no sé nada. Me queda colgarle el feliway de la minga dominga, a ver si así.

Ha venido el calor. Los vaqueros empiezan a estorbarme de las rodillas para abajo. Le he preguntado a Jon qué me pongo para la comida del sábado y me ha dicho «no puedo creer que me hayas preguntado eso» y luego ha soltado un chorrito de risa.

Ok. Pues nada. Me pondré un chándal de tactel de los de pasar costo, unos mocasines de borlitas, unos calcetines de tenis blancos con rayita roja y azul, y una gorra del Naranjito. Y hala. A meterme en todos los instagram presentes.