Semidioses

Último ensayo. No he encontrado las castañuelas. Probablemente estarán en algún sitio de mi casa, entre montones de cierres de pan bimbo, así que me he comprado otras en una tienda de Santa Ana. La dependienta me ha tomado por un guiri, porque me ha dado todo un discurso sobre folclore de instrumento español (¡olé!) hablándome muuuuuuuuy despacio. Mientras me las envolvía en la bolsita me ha dicho “¿de dónde eres?” y yo, sin pensar muy bien en qué coño estaba diciendo, he respondido “de Sicilia, pero mi abuela era marroquí.” Ya ves tú a la señora qué puñetas le importaría lo que fuera mi abuela, pero bueno… ella contenta con su cliente extranjero de cara de lemur, y yo con mis castañuelas, saliendo de allí tan deprisa que no se me veían ni las piernas.

No se me ha olvidado tocar las castañuelas. Esa es la buena noticia.

Ensayando con ellas me he venido arriba y he terminado tocando jotas. Esa ha sido la mala. Pero bueno… ea, ea, ya pasó.

Cuando he vuelto a casa, Jon estaba instalando la nueva caldera, bastante horrorizado con la mierda negra oleosa que salía de las paredes de las tuberías interiores. No paraba de hurgar con el paño y de sacar cosa negra, con los ojos muy abiertos y diciendo “mira lo que están bebiendo los niños, Ari, mira lo que están bebiendo los niños.” Le ha dado tal angustia que ha cogido la moto y se ha ido a nosedónde a comprar cacharros purificadores de agua para TODOS los grifos de la casa. Que como idea está muy bien, pero que no veas ahora la pinta tan supersónica que tienen. Más que beber agua, ahí parece talmente que vayas a pilotar el Enterprise. Pero no le he dicho nada, ni he hecho ninguna bromita al respecto. Al contrario, he aparentado una felicidad suprema con los grifos supersónicos nuevos y he pasado un buen rato haciendo cliqui-cliqui con el nuevo mando intergaláctico. No puedo decirle nada a un hombre que instala calderas. Para mí eso es como ser un semidiós.