Azules y Marías

He ayudado a mi cuñado pequeño a teñirse en pelo de azul. Acaba de terminar con su última novia (aquella que pillamos en bragas en nuestra casa cuando volvimos de vacaciones) y hoy se ha presentado en casa con el tinte en una mano y una botella de jaggermaster en la otra. Pensaba que yo podría ayudarle con lo del tinte. ¿Por qué yo? Porque eres gay. Tu hermano también es gay. Sí, pero tú eres artista y pintas. Pinto en las paredes. Bueno, pero entiendes de colores.

No puedo enfadarme nunca con mi cuñado porque es una fotocopia de mí. Dice muchas insensateces, y ninguna con intención. Pues bueno. Pues si quieres que te tiña, yo te tiño. En esta vida, siempre una primera vez. No sé si existe relación entre la ruptura sentimental y el pelo pitufo. Supongo que sí. Que uno tapa los dolores y los rencores como puede y no como quiere. Y una cabeza nueva totalmente fuera de control ayuda bastante. No nos ha quedado tan mal como yo pensé que iba a quedar, pero hemos dejado el cuarto de baño como si hubiera habido allí una matanza de teleñecos. Azul en el lavabo, azul en el suelo, azul en el inodoro, azul en los azulejos, azul en nosotros… Acabo de ponerme el pijama y tenía azul en los calzoncillos. Presumo que debo tener azul hasta en los huevos. No un azul marino de estos elegantes, no… Azul eléctrico. Azul “no puedo creer que hayas hecho esto.”

Hoy ha sido la tómbola del colegio. Hemos llevado dos empanadas de bacalao y han volado. Los colegios dan mucha hambre. María ha durado a nuestra vera lo que una sardina entre focas. Enseguida ha venido su pandilla de outsiders y ya se ha dedicado a fechorizar con ellos. Antes me ha llevado de la mano hasta los servicios que había en el patio posterior. Ha abierto una de las puertas. “Mira aquí hago pis cuando hay recreo.” Me he quedado con cara de camello. “¿Eso es todo lo que vas a enseñarme de tu cole?” Ha abierto otra “Noooo, mira aquí también hago caca. ¡¡¡SON MUY MONITOS Y ESTÁN MUY PIMPIOS!!!” luego ha salido corriendo y ha desaparecido por los pasillos.

¿Algún día lograré pillarle la vuelta a María?

Ya te digo yo que no.