Cuentos y calores

Estamos en el primer infierno madrileño del verano. Tengo la sensación de que ha venido pronto, pero no. Leyendo cosas mías de hace seis años, ya disfrutamos entonces del mismo infierno en Junio. La mente humana es volátil y la prensa pesada. No sé los años que llevamos oyendo eso de «es el día más caluroso desde 1935». Pues no. No siempre. A veces solo es el día igual de caluroso que hace seis años. Los aires acondicionados de la colmena urbanita tampoco ayudan. Anoche cogimos la moto para irnos a tomar unas cervezas y unas tapas y según íbamos dejando atrás los montes de El Pardo, podíamos notar en las piernas como el aire se iba volviendo de fresquito a calentucho. Para cuando llegamos al centro, ya estábamos envueltos por el infierno en una temperatura que no eran los 23º reales nocturnos que habíamos dejado en casa. Nos reunimos con los amigos de Jon, que estaban en la terraza ya con la lengua fuera. «Joder, 31º de noche, esto no es normal…» Pues no. Claro que no es normal. Es un calor fabricado por tooooooooooodos los habitantes de la colmena, con sus airecitos acondicionados expeliendo calor al universo. Yo me quejaba de Simón y sus charlas ecologistas, pero qué coño… tiene toda la razón. Cuánto más nos quejamos del calor, más lo potenciamos y más contribuimos a subirlo. La eterna pescadilla que se muerde la cola. ¿Solución? me quedo en mi Pardo, donde no hay colmena porque no dejan construir más y donde no hay 350.000 aparatitos de aire acondicionado cargándose el ecosistema y alimentando las megafortunas de las eléctricas. Disfrutemos de los últimos rinconcitos.

Hoy hemos hecho limpieza general. Justo la limpieza general que teníamos que haber hecho hace dos semanas cuando aún hacía fresquito para deslomarse debajo de muebles y colchones, pero bueno… por lo menos la hemos hecho antes de que nos pille Asturias. De debajo de los cojines del sofá he sacado:
-Una cucharilla de yogur (con yogur)
-Tres bolas de papel de plata y una de papel de caramelo
-35 céntimos en moneditas varias
-Un pendiente (¿?)
-Un Han Solo de lego (el mismo que contrató un ida y vuelta por el esófago del perro)
-Dos cabezas anónimas de otros legos (John Doe y Jane Doe)
– Un calcetín negro
– Un folleto de una agencia de viajes de la calle Fuencarral, ofertando cruceros.

Conclusión: Estas navidades, Han Solo cometió un asesinato en el que machacó a golpes de papel albal (presumiblemente) los cráneos de sus dos compinches, debido a un ajuste de cuentas por el atraco de un banco donde se apropiaron de dinero y joyas, ocultas las caras por sendos calcetines de ejecutivo (investigar paradero de calcetines que faltan). Acosado por la policía, se terminó su merienda (sana), y mientras masticaba su último caramelo, calculó cuánto suelto llevaba encima, y procedió a la reserva de un crucerito para escapar del país porque si vas a fugarte por un quítame-allá-esa-decapitación, mejor hacerlo CON CLASE.

¿Te gusta? ¿No? Pues a María le ha encantado.