See you later alligator

Llegó el libro de quien me quiere y no me merezco. Llegó el libro de María. No de mi María destrozona y robamembrillos. De otra María. Me da por pensar que las Marías del mundo están en él para hacerlo merecer la pena. Me siento muy agradecido. Tengo una firma de Galeano. Si no fuera porque he crecido y (casi) madurado y ya no mutilo libros, cortaría la página despacito, la doblaría en cuatro partes y la guardaría en mi cartera, al lado de aquella que me dedicó José Luis Sampedro, que ahí la sigo guardando desde… ¿2003? Quizá 2003. Desde entonces muchas carteras se han gastado en mis bolsillos y han sido repuestas por otras tantas donde he seguido atesorando mi firma sampedriana, junto con un billete de tren y la mitad de un as de picas. De un año hasta el siguiente. De una cartera a otra. De un pantalón a otro. Cada uno sus fetiches. Cada uno sus demonios.

Pero ya no mutilo libros, así que el maestro Galeano estará a salvo junto a Jim Boton y Lucas el Maquinista. Que es el sitio de más honor y más cariño de todos mis 235.458.325.478 libros.

Hoy me he encontrado al profesor del bikram yoga. Ese que daba clase a 45º y que me tiró los tejos porque debí pillarle en el día tonto (y ciego). Yo vivo en El Pardo y él tenía la academia en Moncloa, pero nos hemos encontrado en el andén de Banco de España. Milagros madrileños. Yo volvía de enseñar a bailar el rock&roll a la profesora de música de mi academia. Mañana tenemos función de fin de curso y hay un par de numeritos para que los profesores hagamos el mamarracho, así que a mí me ha tocado el rock&roll con la de música. Que no pasa nada, porque es Bill Haley y sale relativamente fácil, pero me temo que la profesora de música, que canta muy bien y toca mejor, baila como un cocodrilo ciego (see you later alligator), así que llevo varios días y varios ensayos temiendo por la integridad de mis huevos cada vez que tengo que levantarla sobre mi espalda. Casi puedo sentir el aire de la punta de su zapato cortándose junto a mi entrepierna, y por más que intento corregirla y darle confianza para que no deje tiesas las rodillas, no hay manera. No auguro nada bueno para mi supervivencia escrotal en esta función. Mucho me temo que terminemos en el canal de youtube de medio alumnado, conmigo chillando una octava más alta de lo que ahora mismo soy capaz.