Duelos y balones

Nuestro día sigue un poco medio de puntillas y en voz baja. No sé cuánto tardaremos en recobrar el caos. Quizá dos o tres días más. Yo sigo observando a Pedro y sigo sin encontrar nada que observar. Supongo que no es mala señal. Pasé antes un rato mirando el teléfono pensando en llamar a mi suegra. Quería saber qué tal estaba, pero no quería agobiarla. En el mundo hay dos tipos de tristezas. Las que solo pueden gestionarse en compañía y las que solo pueden gestionarse a solas. Las mías son siempre de estas últimas, y algo me hace pensar que las de ella también. Por su entereza. Cuando gestionas hacia dentro, vives hacia dentro. Así que al final no la he llamado y le he puesto un whatsapp con un corazón verde. Tengo un semáforo emocional de corazones. Cuando alguien no me importa mucho, se los envío rojos y si me importa pero no tanto, amarillos. Ella ha contestado a mi corazón verde con cuatro balones de fútbol. Y ahí he estado mis buenos minutos intentando descifrar qué coño quería decirme con eso. ¿Eres un pelota? ¿todo va rodado? ¿cuando te vea te pateo? Al final no he podido con el sinvivir y la he llamado. Al segundo tono me lo ha cogido Ariel Jr. «HOLA, TE HE PUESTO PELOTAS». De fondo he oído la voz de mi suegra decir «¡Ariel, eso no es para jugar!» así que el misterio de los balones de fútbol ha sido resuelto en un quítame-allá-este-Ariel-de-encima. Para que luego digan que el nombre no hace al monje.