Resurrecciones

Este fin de semana tengo que ponerme a restaurar mi portátil porque se ha vuelto lento y farragoso y me siento como si tuviese que pilotar el Hindenburg a Berlín. Que ya ves tú lo que tardaré. Una hora. Dos a lo sumo, porque solo tengo tontás y las cosas importantes (si las hay, que en esta vida no sé yo) ya están en un disco duro, así que no será tan fiero mi león como lo pinto. Además no sé qué tengo en el cuerpo que estoy en fase de cambios. Me pasa siempre en la vuelta de las vacaciones. Mientras todo el mundo hace sus propósitos en Año Nuevo, yo los hago en septiembre. Los otoños de resurrección Nepomuk. Ahí. Ahí es cuando muto. Cuando engordo, o adelgazo. Cuando me afeito la cabeza o decido usar zapatos. Cuando dejo los colores y me paso al blanco y negro. Cuando las viñetas ya requieren un nuevo estilo. Cuando los post deben ser cortitos y llevar dibujos. Cuando de pronto decido que quiero montar en globo. O en helicóptero. O en elefante bengalí.

Cuando resbalo desde el tejadillo de la buhardilla por salvar al gato y desde encima del aligustre de abajo, con la boca llena de ramas, miro el cielo y pienso “ah… este va a ser un gran año.”