Arghs…

La primera semana de la venta. Me tenía que tocar a mí la primera semana de la venta. 25 llamadas diarias en las que explico 25 veces lo mismo… personas a las seis, a las seis y media, a las siete, a las siete y media… personas que llegan tarde a las siete y se juntan con las que llegan a las siete y media… personas que me cuentan su vida, personas que me preguntan cosas de cuarto de arquitectura, personas que negocian, personas que no negocian, personas que me escriben, personas que les interesa pero no les interesa…personas, personas, personas… Luego cuando ya he despedido a la última y echo el cierre, y suelto a los perros, baño, hago cenas y distribuyo niños en camas y sofás, voy al despacho de Jon y empiezo con los emails. Emails de italianos, emails de ingleses, emails de franceses, emails de belgas… y vuelvo a contar 25 veces la misma cosa. “Casa, 240 m2, tres pisos, cuatro dormitorios, buhardilla, garaje, vigas de acero blablablá-blablablá-blablabláhgfrs… Luego a eso de las doce y media, me llama Jon por skype “Maitia, lo siento tanto, tanto, en cuanto vuelva ya lo cojo yo, en cuanto vuelva tú ya no haces nada, en cuanto vuelva…” Y luego, cuando ya he colgado a Jon, cojo la calculadora, papel y boli, y empiezan los números “Si vendo por 420.000 y compro por 400.000, pero tengo que escriturar con 40.000 y necesito 30.000 para reforma, blablablá-blablablá-blablabláhgfrs… Estos días no soy persona. Estos días soy casa en venta. Y estaré perdiendo horas de vida por las orejas hasta que llegue el día de la mudanza (si llega). Porque ya entonces el stress no será igual de chungo, no.

Será bastante peor.