Poda

Por motivos familiares, imprevistos y diversos, hemos suspendido eventualmente el proceso de compraventa de casas, casitas y mansiones. A pesar de ver alejarse las posibilidades de nuevas buhardillas de 60 m2, siento como si hubiera estado navegando en mares revueltos y ayer por fin me hubiera bajado del barco pisando tierra firme. Lo confieso, estoy algo aliviado y más tranquilo. Han sido dos semanas de montaña rusa emocional que me han hecho perder un par de kilos y varias horas de vida. Y aunque sé que esto solo es un intermedio porque más tarde o más temprano llegará el momento de retomarlo, siento que ya puedo llegar a casa por las tardes y tomarme las horas con calma pintando lemures o enseñando a María a tocar oh-susana con dos cucharas y un escurridor. Luego septiembre doblará la esquina, y llegará el momento de averiguar cómo demonios hago para compaginar trabajo, clases de danza, prácticas del master, viñetismo y supervivencia familiar, pero al menos ya he podado una de las ramas de angustia y solo me quedarán…

…un montón más.