Terrores paliativos

Anoche fuimos al cine. Me sentó bien. Había pasado un sábado malo cerrando una semana asquerosa de un mes de mierda, así que fue muy agradable dejar la mente en otra parte y disfrutar un poco de las espaldas de Jon, tan agradables para alejar pensamientos chungos, y tan ausentes de mi vera en estos últimos días. Me compré todas las guarrerías del mundo con permiso del stress y luego no me comí ninguna, porque al ir a sentarme noté que me sobraba más butaca kinépolis de lo habitual a ambos lados del culo y me entró el agobio con el “estoymásflaco-estoymásflaco-estoymásflaco.” Ante la odiosa perspectiva de volver atrás como los cangrejos y que los 345.000 litros de batidos proteicos de mierda no hubieran servido para nada, le di a Jon todos los kilos de gominolas y lacasitos que me acababa de comprar para que los desapareciera de mi vista. Al final toda mi orgía alimentaria consistió en medio paquete de palomitas masticadas más despacito que si fueran percebes. Afortunadamente, la película era IT y me atrapó, porque resultó ser una muy buena película de terror (acostumbrado como estoy a las mierdipelis de serie B, fue casi un orgasmo sensorial). La vi con los oídos tapados y me cagué en un par de escenas, pero aparte de eso, salí con la psique bastante indemne. Y digo bastante, porque al final me he pasado toda la noche soñando con fantasmas de payasos asomando por las ventanas de mi buhardilla, así que un poco tocadito sí que me debí quedar.

Fantasmas de payasos comiendo gominolas. Para que veas. Así de rencorosa es mi psique.

Creo que ya voy saliendo del bache. El que haya pagado 16€ para pasarlo mal pasándolo bien, así lo corrobora. Mi espíritu lemming vuelve a la carga. ¡Alegría, alegría y pan de Madagascar! A ver a qué otra chunguez me apunto para el próximo finde. Paseo en helicóptero, montañas rusas, túneles del terror, paracaidismo, quitarle el sandwich a María… Qué se yo. Estoy listo.