Battement-jeté

Había escrito esta mañana un post melancólico para publicar hoy y lo acabo de aniquilar sin ninguna compasión. No quiero estar melancólico. Está entrando mi estación favorita del año y el verano no ha sido tan duro como otras veces. Se me ha pasado volando. Creo que es porque en junio me propuse estrenar cuerpo nuevo y me salió bien. No me suele salir bien casi nada de lo que me propongo, así que en ese sentido ha sido un verano feliz. Me he pesado y no he adelgazado ni un gramo, así que ahora me arrepiento de no haberme comido los kilos de gominolas en el cine. Está claro que en esta vida no se puede dudar. El sábado vuelvo a mis clases de punta-talón-punta battement-jeté-piqué. Voy a decirle al director que se busque otro profesor para el segundo trimestre. Enseñar no va conmigo. Soy asocial, insubordinado, desordenado y no soporto a los grupos de padres. Creo que son las cualidades perfectas del buen profesor de mierda. Ya me llevé el año pasado un par de rapapolvos porque no seguía la disciplina del centro, así que creo que este año el centro será más feliz (y disciplinado) sin mí. Esta mañana me enviaron la lista de mi clase para este curso. Nueve chicas y un chico. Uno solo.

Para que luego digan que ya no quedan valientes.