Play it again, Sam

Voy a volver, que ya me canso de no estar. Además, esta noche me va a tocar el euromillón y el sábado me tocará la lotería nacional, así que será mejor dejar algo escrito antes de que aquí solo cuelgue un gif y un letrerito que diga “lo siento, soy multimillonario y desde ahora solo escribiré desde Barbados.” Aunque quizá Barbados sea mucho venirme arriba, considerando que no he sido capaz aún ni de salir de El Pardo, pero bueno… Al menos ahora Jon y yo tenemos armonía y ya no debatimos hasta el amanecer porque no quiero ser propietario de sus propiedades. De vez en cuando me lanza puyitas del tipo “en la casa de Las Matas hubiera tenido cosecha de higos…” o “en la casa de Las Matas te hubiera dejado patinar…” pero nunca dice nada que haga verdadera sangre. Solo flecos sueltos de la tormenta que fue y pasó. Ahora sigo montado en el mercado inmobiliario pero porque estoy ayudando a mi amigo Miguel a encontrar un sitio donde meter su granja de gatos callejeros. Dice que el centro de Madrid se ha vuelto invivible y los alquileres imposibles. Ya lo sé. Me acuerdo de aquel Ariel con gatos, perro y pez recorriendo todos los cuchitriles del mundo en busca de habitación donde meternos. También me acuerdo de Jon alquilándome su habitación de Malasaña y diciéndome “si quieres poner tus libros en alguna estantería del salón, te hago sitio.” Ya ves. Al final me hizo un sitio mucho más grande que todo eso. Para que luego digan que la vida nunca puede ser como las películas.