Piratas

Andamos preparando ya la fiesta de cumpleaños de María, que es el próximo miércoles, y que celebraremos el jueves. Esta vez tocan piratas, porque se lo prometimos cuando fuimos a ver La Maldición de Salazar (otro día cuento lo de María con las películas que deberían asustarla y solo logran entusiasmarla). Como siempre, ha sido divertidísimo idear el sarao, y está siendo un poco matador montar la infraestructura. Pero bueno, no voy a lloriquear mucho, porque al menos ya tenemos los disfraces, el mapa, la tarta y el cofre del tesoro (esto último me ha costado un poco, porque ando como un buitre por comer cosas que no debo y lo de llevar en el asiento del coche 3 kg. de monedas de chocolate durante 20 kilómetros no me ha ayudado mucho). Ahora nos queda lo de terminar de bordar la historia de fantasmas (y piratas) y montar los juegos de la búsqueda del tesoro. Uno de ellos consiste en una carrera de obstáculos entre los que figura el pasar por una telaraña gigante de gomas entrelazadas entre los árboles, así que esperemos que no se nos ahorque ningún niño y terminemos saliendo en los periódicos como Pamela y Tommy Lee. Ya le hemos dicho a María que tiene que limitar al máximo el número de niños para los cinco adultos que vamos a ser vigilando (contando que Jon y yo estaremos mitad aquí, mitad allí, porque somos los actores de la performance), pero no se puede decir que por ahora tengamos mucho éxito con que nos haga puto caso, porque esta mañana ya estaba otra vez diciendo que solo iba a invitar a todos sus compañeros del colegio y a todos los de taekwondo.

Solo. Solo treinta y dos niños con espadas y parches. Nada. La paz de espíritu hecha cumpleaños.