Tormentas

Qué cansancio de situación política. Qué cansancio de todo en general. Sigo estando en el año en el que no me sale nada bien. Estoy pensando que debo despedirlo como se merece. O sea, con alguna puta locura. Algo que esté entre subir el Himalaya y bañarme en Matalascañas. Tomarme las uvas en una montaña rusa. Conocer al ratón Mickey. No sé. Algo de eso. Porque de verdad que tengo ansias de felicidad absurda. Jon me dice que debo pensar siempre en lo que podría ser peor, no en lo que podría ser mejor. Lleva su razón. Nuestra relación es firme y estupenda, los tres cachorros responden muy bien, María aún no ha matado ningún perro con la bicicleta… Cosas buenas me rodean. Lo sé, soy consciente. Pero creo que el asunto del trabajo ha terminado por hacérseme bola. Sobre todo ahora que tengo frente a mí la mesa vacía del gallego, con sus cosas aún en los cajones. Es horrible cuando en la vida ganan los malos. Se queda uno con carita de idiota buscando un mando con el que apagar una televisión que no existe. Y este verano que se me está agarrando a los pies tampoco me ayuda demasiado. Por favor, que llueva de una puta vez. Que caigan las mil tormentas, que truenen y relampagueen, que silbe el viento, que me abrace el frío y que algo se mueva debajo de nuestros pies. Algo

El jueves tenemos desfile por la mañana y cumpleaños pirata por la tarde. ¿Seremos capaces? Seremos capaces. María está revolucionada y no hay quien la haga dormir por las noches. Se levanta hasta cuatro o cinco veces para decirnos que se le ha olvidado invitar a Lucas, o que no ha hecho aún el dibujo para la tarta. Envidio un poco lo importante que es todo cuando tienes cuatro años. Cuando tienes cuatro años, todo se mueve. Todo.

Cuando tienes cuatro años lo realmente difícil es que algo a tu alrededor se esté quieto.