Y mañana más

No he limpiado el baño y Pedro me mira obscuramente desde las esquinas de la casa. ¿Puedo ponerme a limpiar baños a las once de la noche? últimamente los fines de semana me pasan en un suspiro por delante de la nariz. Creo que son las clases de los sábados, de las que todavía no me he podido librar, aunque lleve ya medio año con el propósito. No sé para qué hago propósitos, la verdad. Y menos en este año en el que no me sale nada. Mis alumnos de este año son formales y educadísimos. Les pido que me llamen Ari y me llaman Señor Ariel. No se descolocan, ni me responden, ni se despeinan. Me produce un poco de desasosiego tanta perfección. Igual porque no sé estar a la altura y soy como un huevo en una clase de castañas. Un profesor caótico enseñando a unos alumnos pluscuamperfectos. Tengo que ir preparando la función de Navidad, y todos los padres esperan que vuelva con el puñetero cascanueces, así que voy a hacer una nepomukada de las mías y voy a intentar coreografiar en clásico una balada de rock a ver si los consigo desmelenar un poco. Algo con cambios de ritmo. Algo que deje a 12 parejas de padres con cara de wtf. Ya pensaré el qué cuando tenga la cabeza más tranquila (o sea, nunca).

Hace cinco meses que no me como una patata frita, ni bebo una cocacola. Y también hace cinco meses que hago barra y musculación todos los puñeteros días. Me tengo bastante desconcertado. Creo que empecé a hacerlo de chiripa y al final se me quedó como rutina por pura repetición. Ahora las piernas me responden como no me respondían desde hace años así me dedico a los imposibles. Saltar más alto, estirar más lejos, rodar más rápido, caer más abajo… De resultas de esto último, me he vuelto a cargar la bicicleta. La última. La cara. La que me regaló Jon por mi cumpleaños. Se me estampó contra un árbol bajando hasta el río. Afortunadamente, solo la bicicleta. A mí me dio tiempo a comerme unos matojos en un alehop y salí indemne. Arreglar la bicicleta me cuesta 150€ así que ahora bajo hasta el pueblo en patinete (por si no tenía ya suficiente pinta de mamarracho). Al menos hasta que Jon se harte y me lleve al taller de una oreja.

Pedro acaba de asomar por la puerta con aire lúgubre. Creo que sí. Que puedo ponerme a limpiar baños a las once de la noche.