Solapamiento

Estoy muy callado porque defiendo mi trabajo de fin de master dentro de unas semanas y cada vez que lo miro me parece más kafkiano y sin sentido. Aún así, intento defenderlo como los abogados defienden a sus clientes asesinos en las películas. Con fe y con ardor. Con… ¿resignación? Estoy muy nervioso y paso las tardesnoches en la buhardilla hablando en voz alta a un tribunal imaginario que he montado con figuras de lego de Star Wars. Luke Skywalker parece sumamente interesado, pero últimamente Boba Fett me mira con desdén. Y así es como uno empieza a volverse maraja. Presentando trabajos de fin de master a un tribunal de Lego.

He adelgazado tres kilos, así que los nervios ya se me han agarrado también al estómago. Para sobrellevarlos, sigo haciendo ejercicio en las horas libres como un vigoréxico de gimnasio. Corro, flexiono, musculo (sin acento) y pedaleo. Anoche vi “The Boys in the Tree” y me entraron deseos irresistibles de patinar, así que saqué mi skate y estuve patinando carretera de Mingorrubio arriba, carretera de Mingorrubio abajo, hasta que me dieron la una y media de la madrugada. Las piernas me responden muy bien. Estoy contento con mis piernas. Hacía mucho tiempo que no confiaba en ellas. No estoy nada contento con el resto de mi cuerpo. No puedo seguir adelgazando. Si no volveré a la casilla de salida y mi autoestima hara crajs. Ya lo ha hecho un poco con todo el asunto del trabajo y de que ganen los malos y yo siga siendo pobre. He tenido otra reunión en el trabajo. La número 25, aprox. No veo fácil que pueda conseguir nada, salvo que me echen. Pero no puedo gestionar ahora mismo todo a la vez, así que he aparcado los kilos y mi conflicto laboral en la estantería de los problemas “ya-si-eso-mañana”. Primero voy a solucionar lo del master. Luego, cuando haya cerrado eso, cogeré mi escalera de bibliotecario, subiré a la estantería de yasiesomañana, iré sacando los otros problemas, y los iré lanzando al suelo para enfrentarme a ellos uno a uno.

Mi cuñado Samu me ha regalado dos bolsas llenitas de marihuana para ayudarme en la relajación mental. Huelen a gloria. Las tengo metidas en la caja de rayas que me regaló María y de vez en cuando, las saco y las respiro. No quiero ni tocarlas hasta que todo lo del TFM haya terminado. Me necesito lúcido y coherente.

Lo cual no deja de ser gracioso, teniendo en cuenta que dentro de media hora, estaré presentando un trabajo de psicoanálisis clínico a un minichewbacca de plástico articulado.