Segunda vez que uso este vídeo

Hola blog. No me odies. Han sido semanas duritas. Pero ya la que viene defiendo mi trabajo de fin de master y vuelvo a la normalidad. Más o menos. Y ya voy a ir sacudiéndote el polvo, poniéndote dibujitos, ordenándote un poco… y haciendo todo eso que hacen los blogueros decentes (o sea, los que no son como yo).

Estoy solo en casa todo el fin de semana porque Jon está en Bruselas con Puigdemont y los tres niños andan repartidos allende Segovia. Aunque lo de solo es un decir, porque conmigo están los tres perros, los dos gatos, los ratones blancos de hace dos halloweens y el loro que me llama puta. Lo del loro es eventual, porque mi cuñado está de parrandeo en Tailandia, pero aún así hace mucha compañía desde su jaula insultándome y pidiéndome que le folle (el loro, no mi cuñado). Descubro que no me gusta una mierda estar solo en casa. Hasta las botas de goma de María pisándome el hígado por las mañanas, echo de menos. Ando por los rincones como vaca sin cencerro, viendo tonterías en la televisión y bebiendo agua con gas en 258 botellitas diferentes, que voy dejando abandonadas por las mesas como parte de mi dispersión mental. También estoy preocupado por mi exposición de la semana que viene. He dejado el tfm metido en una carpeta, metida en una caja, metida en un cajón, metido en un armario. No quiero ni acercarme más a él. Cuanto más lo defiendo, más mierda me parece. Creo que he perdido la perspectiva, así que será mejor que ya me rinda y que deje que pase lo que tenga que pasar. Incluso aunque lo que tenga que pasar sea un 5 pelado en mi expediente universitario.

Esos tres puntos de arriba han sido una pausa de 20 minutos en los que han venido Jokin y Gustavo a buscarme para salir de marcha. Ha sido cantidad de significativo decirles que no, vestido con un pijama de la rana Gustavo y comiendo helado de vainilla a cucharadas directamente del envase. He notado un airecillo compasivo en su mirada. No me extraña. Son buena gente. Debería haber hecho un esfuerzo y haber ido con ellos como agradecimiento a su invitación, pero es que no me apetece una puñeta meterme en los pantalones, ni meterme en las zapatillas, ni meterme en la camiseta, ni meterme en el abrigo, ni meterme en ningún bar lleno de tíos que fingen alegría. Al fin y al cabo, there’s no place like home. Además quiero aprovechar para bajarme ropa de invierno del maletero, hacer una cacerolada de albóndigas al curry y verme alguna de las 347 pelis de terror de mierda que tengo pendientes.

Ya ves. Todo un planazo de desenfreno y frenesí.

Desenfreno y frenesí con albóndigas. Podría ser peor.