Bajada

Ya está. Ya presenté mi trabajo de fin de master. No me gusté nada. Luego revisé la grabación y no me encontré tan mal. Y luego la volví a ver otra vez y me parecí lo peor. Después de eso, borré la grabación y me automandé a tomar por culo. No puedo estar en plan vivo sin vivir en mí antes, durante y después del tfm. Esto va a terminar pareciendo la Guerra de los 100 años. En siete días aprox. tendré la nota. Ya me preocuparé entonces. La chica que exponía después de mí me ha dicho “Qué suerte, no usas coletillas…” Yo estaba tan empanado a esas alturas, que en un primer momento he pensado que se refería a coletas pequeñitas y me he tocado los pelos todo turbado, con un “eh… uh… no… yo…” hasta que ella me ha sacado de mi propia estupidez añadiendo “Es importante, porque suelen valorar positivamente la seguridad que tengas al hablar.” Y ahí ya he deducido (kalikatres yo) que se refería a las coletillas lingüísticas.

Estoy cansado y sigo vomitando por las esquinas. Creo que no es más que el tsunami que sigue al terremoto, pero por ahora soy como un chico gominola y se me van doblando las rodillas por donde piso. Aún así he ido a trabajar, a la compra y a escuchar otro de los rapapolvos de la profesora de María. Ha vuelto a estar castigada sin patio por no comportarse en el comedor. Según parece ha montado una guerra de pan en plan Agustina de Aragón, con la otra clase. No puedo juzgarla muy duramente. Sobre todo porque fui yo quien le enseñó a hacer balas de miga, así que le he dicho muy mal-María-muy mal, y en cuanto hemos salido del campo de visión de la profesora, he cambiado el discurso por un “oye, lo que te enseñe mejor no lo hagas en el cole…” Sin embargo, lo del liderazgo en la batalla lo ha debido de sacar de su otro padre, ojo. Porque servidor es más de luchar solito y entre sombras en plan batman.

En plan batman con avitaminosis.

Han pasado ya 20 años y todavía sigo echando de menos a mi abuela Agra cada vez que estoy malo. No me importaría nada tenerla aquí conmigo haciéndome su asquerosa sopa verde que te curaba las tripas y arropándome en la camita las veinte mantas hasta la nariz. La cambiaría gustosamente por el loro, fíjate. Especialmente ahora, que anda nervioso por el ruido de la lavadora y lleva como 16 minutos llamándome puta.