Pues Chile

Me ha llamado Jon para decirme que deja Bélgica y se pone rumbo a Chile. El cómo puede alguien decidir cambiar Bélgica por Chile y montar un vuelo sin escalas en un chimpún, es algo que dejo entre los misterios sin resolver de este nuestro Ejército Español. Pero Jon está rumbo a Chile y tiene para unos cuantos días allí (cosa que casi celebro por su bien, porque el viaje dura como 20.000 horas y encima va copilotando el trasto), así que mi sábado de aniversario de amor y cuchicuchi queda oficialmente convertido en mi sábado de aniversario yo solo conmigo y mis teleseries. Bueno. Bien. No lloriqueemos más de lo necesario. Que me lo devuelvan entero y con eso ya me doy con un canto en los dientes. Ya nos gastaremos la prima cuando llegue el momento de la diversión.

Simón tampoco está, porque se ha ido a un campamento en Cantabria, así que ahora solo estamos Pedro, la de las migas asesinas, y yo. Bueno… y los perros, los gatos, y el loro que me llama puta. En realidad, ahora mismo hacemos una gran familia disfuncional. Pedro anda estos días pubescente y como loco por una chica con la que se sienta en clase. Día sí y día también, me hace tragar todos los realities bodrios de la televisión, para luego poder seguir teniendo con la muchacha multitemas de conversación. Ayer estuvimos hasta la 2:00h. viendo Operación Triunfo. Que bueno… tiene su chimpún y sus cositas, pero vamos… que en condiciones normales no me iba a quedar viéndolo hasta la madrugada ni aunque bajara la Vírgen del Carmen con un batallón de querubines a pedírmelo entre trompetas. Anoche, a la altura del decimoctavo bostezo, me parecía buena idea dejarle ahí hasta las tipitantas a modo de lección, para esta mañana, cuando le viera somnoliento y legañoso bostezar sobre su desayuno, hacer de adulto responsable y poder decirle: “¿LO VES? ¿VES CÓMO NO PUEDES ACOSTARTE TAN TARDE? ¿HAS VISTO LO CANSADO QUE ESTÁS? ¿AHORA QUÉ? ¿EH?” Pero luego ha resultado que el único bostezador somnoliento y legañoso de esta mañana en la cocina he sido yo y nada más que yo. Porque él ha bajado la escalera a su hora, puntual como un reloj, perfectamente despierto, aseado, peinado, impecable y pluscuamperfecto, e incluso repasando tranquilito sus deberes con parsimonia.

Entre que no puedo luchar contra la del batallón miguero y que no puedo luchar tampoco contra el niño walpurgis, me estoy quedando sin aliados en el bando de los pringaos.

Afortunamente, aún me queda el loro.