A vuelapluma, Jon

Querido Jon, como hoy no he hablado contigo, aquí dejo esto. María ha quemado el microondas. Completamente. Absolutamente achicharrado. En algún momento ha decidido que cocinar al microondas era una idea chupi, y le ha dado por meter veinte disparates en una taza y enchufarlos en el microondas 20 minutos a la máxima potencia. Y como uno de los ingredientes era chocolate con galleta a trozos (el menos disparatado) aquello se ha carbonizado, se ha desbordado, y ha dejado el interior del microondas como el saloncito del Coloso en llamas. En cinco minutos. Te lo juro. Cinco-puñeteros-minutos. Lo que he tardado en salir al patio a destender las sábanas para hacer otra colada. Primero he notado el olor, luego he visto el humo blanco salir a bocanadas de la ventana de la cocina y luego ya he entrado en pánico. Creo que en mi puta vida había recorrido diez metros tan deprisa. Menos mal que no estaba echada la mampara, porque si no, fijo que a estas alturas tendrías un precioso boquete en el cristal recortado con el perfil de mi figura entrando en tromba. Pedro ha bajado al notar el olor y al ver todo inmerso en humo y el microondas soltando chorretes de marrón caca, ha entrado en crisis. Se ha puesto atacado y ha empezado a dar con el hombro contra la pared. Ahí ya me he dado cuenta de que o me calmaba o aún todo iba a terminar peor de lo que ya pintaba. Y he intentado tomar las riendas lo mejor que he podido en esos momentos, en los que realmente solo me apetecía meter a María en un paquete postal y facturártela a Chile con pulpo y todo.

Te he llamado por skype para que pudieras tú reñirla y explicarla, con la calma y la mirada psycho que te caracteriza, por qué las niñas de cuatro años no deben quemar la casa de sus padres con ellos dentro, pero no te hemos podido localizar, así que directamente he pasado al plan B y la he castigado a dormir sin cuento y sin yogur (luego me ha dado pena y le he perdonado lo del yogur, así que como carcelero yo… mal). A Pedro estoy todavía intentando calmarle bajo la promesa de comprar otro microondas. Mientras con la mano derecha soluciono la crisis, con la izquierda me doy cuenta de que no he sacado aún a los perros, ni he podido terminar la coreo del ensayo de mis chicos, ni me hecho aún la comida de mañana, así que… vivan los lunes de purita diversión.

No tengo aún mi nota del tfm. Te he hecho caso, y me lo he empezado a tomar con filosofía. Ahora en vez de mirarlo cada 5 minutos, lo miro cada 1o.

Jon, no puedes ni imaginarte lo mucho-muchísimo que te echo de menos. Estoy barajando la posibilidad de contratar un batallón de trompeteros romanos para darte la bienvenida entre laureles.

Vale, sí. Me lo he inventado. Ni siquiera sé si los romanos tocaban la trompeta. Pero tú ven, que ya lo comprobaremos juntos.