Acá entre nos

Hoy me ha tocado trabajar. O me ha tocado fingir que trabajaba mientras me dedicaba a mis últimas responsabilidades como Rey Mago. Esto es, envolver regalos y hacer cata de roscones por todos los alrededores para comprar EL MEJOR. Jon odia el roscón. Dice que es un engrudo con plástico de colores. Y yo cada año pongo cara de abuelo sabio para decirle “lo que pasa es que no lo has probado del BUENO, BUENO.” Luego nunca jamás he podido acompañar mi teoría con prueba práctica, porque siempre acabo comprando in extremis un pack de esos de del Hipercor tipo “roscón ajqueroso y botella de cava de mierda por 10€” (siendo lo del ajqueroso y la mierda aportación mía), con lo cual, siempre llegamos al día 7 con un Jon cada vez más convencido de su teoría del engrudo con plástico y yo con la mía del no-has-probado-el-buenobueno. Pero este año es distinto. Este año nos hemos despeñado por un 2017 rocoso, oscuro y jodido. Y estoy cansado, herido y enfadado. Necesito algo. Necesito aire y dirección contraria. Necesito reempiece. Coger carrerilla para saltar. Así que tenemos una botella de Taittinger en el frigorífico esperando para mañana, y yo he comprado roscón del BUENO, BUENO. Tan bueno que me ha costado tres días, 28.000 catas y una pasta absurda. Pero ahí está. Que los reempieces no nos pillen nunca vestidos de gris.

En regalos también se me ha ido la olla, pero eso no es un reempiece, porque en realidad no recuerdo ningún año que no se me haya ido un poco. Los locos regalamos locuras, esto es así. Para regalar calcetines o cafeteras, ya están los sensatos. Así que, entre espadas, pijamas de dinosaurios, pizarras gigantes y tipis indios, les he comprado a los chicos un karaoke. Estoy muy contento con lo del karaoke. Jon no tanto. Él más bien ha recibido la noticia con cierta expresión indefinida de entre espanto y confusión. Y eso contando con que ni siquiera le he informado aún de los tres datos más sabrosos del asunto: que viene con mesa de mezclas, que lleva dos amplis para enchufar al televisor, y que pienso empezar por las rancheras.